viernes, 11 de noviembre de 2011

Roman Rolland (2)

      Héctor Manuel Popoca Boone.

Por los apreciados comentarios de algunos lectores sobre mi anterior artículo de opinión, hago entrega de una segunda parte de reflexiones (con adecuaciones propias) del novelista de referencia que a su vez fue magnifico biógrafo de Miguel Ángel Buonarroti, Beethoven y Tolstoi:

El dar obsequiosidades vanas reditúa poco por la falta de inteligencia de quienes las prodigan. Así, las mentiras son la causa de que los pueblos y las personas hallen tanta dificultad en comprenderse y tanta facilidad en despreciarse mutuamente. Tenemos los ojos cerrados al mundo y el mundo está todo en nosotros.

Es imperativo generar una necesidad constante de sinceridad que a su vez nos cause escrúpulos a cada momento. El ser honestos nos vale más en este mar de fingimientos en que vivimos. El beneficio de la franqueza en la amistad es que no genera malos entendidos, desconfianzas o temores. Cada cual conoce el pensamiento del otro.

La dignidad tiene sus límites; agota sus fuerzas de tolerancia a golpes de tantas mentiras. En el momento en que la verdad es revelada, el resto de la vida de los falsarios queda envenenada por los remordimientos o rencores, aun cuando finjan no tenerlos.

La mayor traición, en el marco del poder, reside más en la voluntad de hacerla que en el propio acto. Nadie haya placer en atacar a quien no advierte y sufre los golpes que recibe. Lo más atroz no es la miseria y la enfermedad: es la crueldad de los seres humanos, unos para con otros.

En términos generales, nos rodeamos de amistades casuales y triviales. No sabe uno comprender a los demás cuando se está demasiado preocupado consigo mismo. Menester es alejarse de la encarnación de una virtud egoísta y fría que se admira y se complace a sí misma.

A la sazón hay que hacer el sacrificio casi completo del egoísmo individual para dar paso a la clarividencia y a la lucidez social. En ese encuadre, no pretender en forma contumaz que los demás sean dichosos a nuestro modo, sino al suyo propio dentro del bien común.

Si no se está dispuesto a sacrificarse por algo o por alguien, entonces no merecemos la amistad de nadie, quedaremos solos en una vasta extensión despoblada y desértica. En un páramo espiritual y anímico.

En este mundo se nos enseña únicamente a domesticar y a catalogar fríamente a través de nuestra inteligencia, con el único objeto de buscar placer que proceda más de la disección y cálculo cerebral que de las motivaciones que deparan las emociones y los buenos sentimientos. Por un favor recibido no hay que envilecerse, subordinarse o abdicar del libre albedrío y de la libertad de expresión.
  
La risa sin alegría, la hipocresía grotesca, la demagogia infértil, la acción sin grandeza y la depravación de la inteligencia son medios vergonzosos y propios de esclavos cerebrales que juegan ruidosamente con sus cadenas, incapaces de romperlas.

La humanidad sería demasiado pobre y de color demasiado gris si no damos paso al optimismo, a la leve despreocupación, a la audacia irreverente con respecto a los ídolos, aún los más venerados.

Nadie tiene derecho a emancipaciones gratuitas. Si se desean, tiene uno que procurárselas por sí mismo y con los demás; no esperar que caigan del cielo.

Tantas veces se vean destruidas nuestras ilusiones, vuelven otras a nacer siempre… No puede ni debe uno vivir sin ellas. La soledad, la miseria y la violencia que nos circundan son motivos más que suficientes para vivir y luchar, hombro con hombro, por la fraternidad. Solo así renacen las emociones desinteresadas.

Se trata de ser justo, en medio de las injusticias y de las severidades del destino. Cultivar la paciencia, la tolerancia y la benevolencia en medio de tantas disputas ácidas; atravesar las experiencias amargas sin permitir que nos hagan mella; tales son las virtudes del saber vivir en el sufrir.

El escepticismo que corroe la fe de ayer, hace hueco a la esperanza de mañana. Reconociendo nuestros límites vivamos hasta el borde de los mismos.

PD. Si desean un candidato a senador faccioso, trepador, guevón, irresponsable, corrupto y tonto; entonces, ¡no cuenten con su servilleta!



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