Héctor Manuel Popoca Boone.
Es dicho generalizado que la democracia, como sistema de vida de una colectividad, es la forma menos perniciosa que a la fecha los seres humanos han experimentado para autogobernarse, sin perder una de las dotes consubstanciales a su ser: la libertad. Pero eso no quiere decir que esté exenta de perversiones y desviaciones.
En México, la democracia que hemos practicado no ha traído progreso y bienestar general como tampoco concreción de las mejores formas para la convivencia social. Privilegia a élites más que al pueblo. Ha servido para salvaguarda de los grandes intereses de las minorías en contraposición a las vastas demandas de las mayorías.
La resultante es que hoy tenemos una economía estancada, con la mitad de la población en pobreza, con altas tasas de desempleo, sin oportunidades de progreso para los jóvenes. Todo, en un mar de corrupción, violencia e impunidad.
Eso sí, tenemos una reducida casta de políticos profesionales privilegiados que detentan el poder político para favorecer a otra casta no menos privilegiada, la propietaria de los monopolios empresariales que retiene para sí la mayor parte de la riqueza nacional.
Nuestra democracia -y cómo la practicamos- ha generado una desigualdad social tan aguda, grande y preocupante como la que generó la dictadura de Porfirio Díaz.
La mayoría de los grupos políticos en los procesos democráticos luchan en realidad por mantener sus privilegios que se han auto-otorgado. Ven para sí mismos. Usan la demagogia pura. Por ende, entre ellos se neutralizan en el mejor de los casos y tienen paralizada, junto con los cárteles, a la patria.
La democracia no ha sido el gran ámbito para la reflexión colectiva de los problemas nacionales ni mucho menos como crisol para la construcción de las mejores propuestas sociales. Lamentablemente no se privilegia la persuasión ni el convencimiento por consciencia, sino la compra vil de la misma; a través de dadivas, empleos o dinero en efectivo que se truecan a cambio del voto.
Entre más pobre sea una comunidad más efectiva llega a ser la prostitución electoral. De tal suerte que puede ganar el candidato o partido político más prostituido y prostituyente, socialmente hablando.
Nuestra democracia es excluyente. Lo es así porque el protocolo legal para acceder al poder no permite a los ciudadanos hacerlo libremente sino obligadamente a través de algún partido político. Se cierran las puertas a candidaturas ciudadanas para dar pie al dominio de la partidocracia como forma monopólica de participar en los comicios más allá del simple voto. La reglamentación para la modalidad de coalición política da pie, de nueva cuenta, a la dedocracia.
Otra forma pervertida de exclusión es el coste de una campaña electoral. Ello ha devenido inequidad en su financiamiento. Además de las prerrogativas legales públicas y privadas; está el desvío del erario público, las proporcionadas por los barones empresariales y la no menos importante originada en la delincuencia organizada.
En los procesos democráticos lo cuantitativo subordina lo cualitativo. La imagen a la idea. La mercadotecnia a lo programático. La apuesta a la propuesta. Puede perder el que tenga la razón, la verdad, el perfil o represente más genuinamente los intereses de la mayoría. Puede ganar el bribón que logre cooptar, engañar o comprar el mayor número de votantes.
En otras palabras: la consigna y lo sectario aplastan al libre y razonado convencimiento. La práctica de la planchada es la táctica a seguir; las minorías duras se sobreponen a las mayorías blandas no facciosas.
PD1. La violencia en Acapulco no la gestó el gobernador Ángel Aguirre Rivero. Viene de tiempo atrás por la tolerancia que gobernantes brindaron a los cárteles. Zeferino Torreblanca tuvo el mérito de expresar infame y cínicamente esa complicidad, al menos por omisión: “Ni quiero, ni puedo, ni debo” combatirlos, dijo. Esa abominable claudicación de la responsabilidad pública ha quedado registrada en los anales de la ignominia institucional.
PD2. En reunión sostenida en el DF, López Obrador, Alberto Anaya y Luís Walton, consideraron a la LAE Yamileth Payan como buena prospecta para la candidatura a la diputación federal por el quinto distrito. Enhorabuena a la mujer, en su hora.
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