viernes, 5 de octubre de 2012

La invención del poder.

Héctor Manuel Popoca Boone.
El gran artista en la política es una eclosión de talento y creatividad, dando vida a las hazañas más grandiosas imaginadas por el ser humano o a las peores tragedias de la historia de la humanidad. El ser humano siempre debe aspirar al equilibrio; sobre todo aquél que anda en las lides políticas.  Un buen gobernante debe tener mano abierta y generosa con los pequeños; firme y cerrada con los grandes.
El buen político sabe esperar y otear cuando hay suficiente humus para germinar un proyecto político. Sabe que el mayor enemigo de la victoria es la división y enemistad de los propios correligionarios. Pocos son los políticos que muestran firmeza para enfrentar la adversidad sin inmutarse.
A los adversarios hay que neutralizarlos a como dé lugar sobre todo los que van adelante para poder acortar la fila del poder, porque en la disputa por éste todo está permitido. Todo se paga y todo se cobra. Todos los aspirantes son usados por el poder vilmente, de una u otra forma.
Un político entre políticos sabe que lo único que los une es la ambición y los privilegios; sabe que no se puede descuidar porque en el primer parpadeo lo trituraran. Unos lo miran con odio y envidia, listos para celebrar su caída; otros guardan aparente fidelidad por miedo.
Pero también el miedo es conspirador. No hay peores agitadores que el hambre y la pobreza. El gobernante debe estar atento y tener por sabida cada palabra de sus adversarios y sólo esperar el momento para deshacerse de ellos. Un error y todo su capital político se esfumaría en un santiamén.
Un arreglo político se construye a base de concesiones y favores sazonándolos con muchos condimentos materiales, dejando a lo último el recurso fuerza. Siempre un gobernante será más querido si gobierna con guante de seda que con guante de acero.
El poder es una enfermedad incurable e insaciable que devora el alma de los políticos. Los gobernantes quieren acumular poder, territorio y gloria, a costa de los demás. Nunca cuerpos dieron cabida a tanta inteligencia y perversidad como las que se hospedan en algunos políticos convenencieros y sin escrúpulos.
Todo lo que se gasta en sobornos para sumar más aliados está justificado. Sin el poder del oro o sin la fuerza institucional, la gobernanza es paralítica. El dinero sirve para maquillar las vidas vulgares de los políticos con famas grandiosas.
El desgaste en el poder corroe paulatinamente el carisma de los gobernantes. El príncipe y su corte están más preocupados por preservar sus riquezas y privilegios que buscar la prosperidad de sus pueblos. La corrupción, el cinismo, la impunidad y el escándalo sustituyen a la sabiduría y a la buena piedad. De esa manera siembran de incondicionales su territorio gobernado.
En política a veces hay que aliarse hasta con el mismo infierno; sin tener bien a bien la certeza de poder salir. Poblamos el paraíso con almas, aunque para ello tengamos que sembrar los campos de batalla de cuerpos humanos. La guerra no es otra cosa más que la condena de vivir de la sangre de nuestro prójimo.
Las tres fuerzas más poderosas que mueven a la humanidad son: la ambición en la política, la pasión por los ideales y el desvarío del amor. ¿Cómo encontrar sosiego a las llamas que consumen estas entrañas? ¿Cómo saciar esta sed para la que no bastan todos los ríos de la tierra?
Cuando los gobernantes se excluyen de cumplir la ley, una y otra ves,  empieza el lento desmoronamiento del sistema gubernamental. Un gobernante, cada día que pasa con dudas y sin tomar decisiones que atañen al pueblo, hace un derroche de poder infértil. De esta manera los poderosos tratan de cubrir sus atropellos con pretextos.
La grandeza de un gobernante se mide más por sus enemigos que por sus amigos, entre más poderosos sean con quienes se enfrente mayor será la trascendencia de sus actos. El pueblo necesita sentirse cerca de sus gobernantes, tocarlos, admirarlos, sin trasponer el misterio del poder.
PD1. Extractos (con agregados propios) del libro: “El Príncipe de Florencia” La Invención del Poder. Jorge Salvador Aguilar. A un año de su adelantada.
PD2. Nunca un estado, como el de Guerrero, había sido marcado tanto por el infortunio teniendo todo para salir adelante

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