Héctor Manuel Popoca Boone.
Si bien en México existen muchos planes
y proyectos para el desarrollo regional, también es cierta su insuficiente
concreción. No existe la voluntad política por parte de quienes son
responsables para que así suceda. Es un hecho que en la actualidad no funcionan las instancias
institucionales de planeación y coordinación en la aplicación de proyectos
estratégicos conexos, que impacten realmente la realidad socioeconómica
imperante en cada una de las regiones del país.
Cada dependencia federal, estatal y
municipal aplica sus programas unilateralmente, sin darse mayor espacio y
tiempo para consensuar acciones o validar proyectos complementarios de alta
relevancia que requieran una actuación conjunta y sinérgica con la sociedad.
Las organizaciones sociales y
autoridades comunitarias son las que permiten democratizar el gasto público. Separar
los intereses populares de los políticos. Proporcionar las experiencias para la
implementación de diversos proyectos a nivel local, con el complemento de una eficaz
contraloría social.
Las zonas
rurales son preferentes y propicias para los desmanes y corruptelas de técnicos
y empresas constructoras por el relativo aislamiento de los pueblos. Total,
nadie los ve y nadie eleva queja, porque en la miseria imperante todo, si bien
poco, es bienvenido.
Es menester
que los gobernantes y funcionarios públicos posean consciencia de que atender
el desarrollo de una región pasa por entender a sus pobladores. Conocerlos desde
sus entrañas para delinear transformaciones trascendentales y en positivo.
Tanto en las relaciones políticas de sociedad-Estado, en las cadenas económicas
de producción-transformación-consumo, como en los factores que propicien mayor
calidad de vida, cohesión social y sustentabilidad.
Mejor eficiencia
se obtiene si existen estrategias regionales con
mucha vinculación inter-institucional que permitan la confluencia de voluntades,
porque si bien es cierto que hay áreas funcionales diferenciadas, poseen todos propósitos
últimos comunes. A la par, buscar una mayor congruencia operativa con la
sociedad para la solución de problemas álgidos, por ejemplo, de justicia y
seguridad pública, entre otros.
El abandono de la planeación como
instrumento de gobierno y, por ende, la ausencia de acertadas políticas públicas ha traído
como consecuencia que los recursos invertidos no hayan tenido todos los efectos
esperados, con el consecuente dispendio de tiempo y duplicidad de esfuerzos
institucionales.
Saludable es
que la instrumentación de los programas sea preferentemente a través de
promotores sociales de la región debidamente capacitados (que no funjan como
proselitistas electorales de ningún funcionario o político). Verbigracia, en las
zonas indígenas darle oportunidad a los jóvenes profesionistas y técnicos
bilingües que conozcan las características sociales y culturales de sus
territorios de origen y de los principales actores locales, manteniendo un
claro compromiso e identificación social.
Condición para revertir el abandono y
exclusión en las poblaciones de una región es potenciar la cooperación entre
ellas, fortalecer sus relaciones inter-comunitarias a través de socializar iniciativas
locales y mejorar sus redes de comunicación, internas y externas.
PD1. En este año, los programas
institucionales en los municipios marginados de Guerrero podrían tener mejores
resultados si se implementan bajo los procedimientos que hemos aplicado el
gobierno federal, estatal y municipal en las zonas indígenas de Ayutla.
PD2. “El dinero mueve más que la verdad…,
El dinero puede más que los delitos…, El dinero es más que los funcionarios
públicos”, Hermelinda Tiburcio Cayetano. Mujer líder, indígena Na savi, de
Tlacochixtlahuaca, Gro.
PD3. De lo que se trata es de sacar los recursos,
procedimientos, resultados y el espacio público-administrativo que permanecen
ocultos y abrirlos al parecer de la gente. Por eso necesitamos una agenda
ciudadana, permanente y dinámica, que de cauce a la agenda gubernamental. ¿O
no?
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