viernes, 8 de marzo de 2013

Sí a una reforma educativa popular (3)



Héctor Manuel Popoca Boone.

La parte más sensible y preocupante de la reforma educativa es, sin lugar a dudas, la referida a las nuevas reglas laborales, que modificaran el ingreso, promoción, reconocimiento y permanencia en una plaza magisterial. El nuevo ordenamiento se da dentro de una reforma laboral aprobada con antelación para beneficio de los patrones y de las mafias sindicales renuentes a rendir cuentas públicas.

Lo que no puede seguirse éticamente tolerando es la privatización de las plazas por parte de funcionarios inescrupulosos y líderes sindicales, como fuente privilegiada de enriquecimiento personal, o sea: una plaza magisterial es vitalicia, inamovible, hereditaria, reconvertible y en su caso, susceptible de venderse.

En la actualidad y en términos reales no se puede despedir ni liquidar a un maestro si cae en falta grave, como ausentismo reiterado, incompetencia magisterial frente a grupo, mercadeo en la labor docente, sadismo con los infantes, alcoholismo manifiesto en clase, acoso sexual a los educandos u otras lindezas. Ese fenómeno es tolerado con impunidad por parte de autoridades educativas y líderes sindicales, cuando se presenta el caso.

Aceptemos que existe la venta de plazas, maestros comisionados en tareas improductivas y otras anormalidades dentro de un sistema nacional educativo que estructuralmente es corrupto en su funcionamiento, años ha. No es problema nada más de los maestros. La mediocridad educativa la hemos incubado todos.

La pérdida de un puesto docente debe reglamentarse como medida extrema y no de primera instancia. Deben de prevalecer con antelación procesos de rehabilitación, actualización y fortalecimiento de competencias académico-pedagógicas. Tampoco la evaluación debe servir como medida punitiva y de depuración laboral con carácter discrecional hecha por grupos facciosos de interés y de poder enquistados en el sector.  

Un maestro que con esmero y a pulso logra obtener una plaza, su desempeño como educador será totalmente diferente a otro que la compró o la heredó. Existe inequidad cuando un mentor es contratado por concurso, gracias a sus conocimientos demostrados, con aquel que privilegiadamente lo es sin haberlos evidenciado. En el primero habrá vocación y empeño. En el segundo no.

Por otra parte y desde el otro lado de la moneda, ¿Quién aplicará los exámenes de oposición y la evaluación a los maestros? ¿Quién definirá los parámetros, procesos y criterios para reconocer méritos? ¿Los políticos demagogos? ¿Los gobernantes incompetentes? ¿Los funcionarios de una administración pública que sistémicamente es corrupta? ¿Aquellos diputados que cobran sin trabajar? ¿Seguirán siendo las mafias sindicales? ¿Los consejeros de un Instituto Nacional de Evaluación que serán designados a través de cuotas partidarias?  

¿Por qué no se les aplica primero el examen de oposición y evaluación a los que pretenden implementar la reforma educativa?  ¿Por qué no primero una reforma moral del sistema político mexicano que nos gobierna?

Esas son algunas preguntas pertinentes que de buena fe he recibido de maestros y que no puedo identificar quién puede aventar la primera piedra. De ahí la necesidad de debatir para construir las leyes reglamentarias de la educación, realistas y pertinentes.

PD1. Da pena que la Secretaría de Gobernación exhorte al secretario de salud estatal para avanzar en el cumplimiento de la sentencia de la Corte Interamericana de los Derechos Humanos en materia de tratamiento médico y psicológico a la agraviada Inés Fernández Ortega, esposo e hijos.

PD2. Es vergonzoso el requerimiento también realizado al gobierno municipal de Ayutla para que destine 4 millones de pesos para el desarrollo socioeconómico de los pueblos indígenas de ese municipio, según la aplicación pactada para el año 2012. 

PD3. Causa tristeza que una promotora comunitaria pagada por la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas fuera la intermediaria para que un proveedor voraz vendiera maquinaria usada a precio de nueva, a un grupo de mujeres indígenas beneficiadas para poner un taller de huarachería en Ayutla. ¡Uff!

 

 

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