La educación básica pública en Guerrero tiene un
gran reto, que es disminuir su déficit enorme en infraestructura física y
equipamiento escolar. Ocupamos el segundo lugar a nivel nacional en escuelas
precarias y sin terminar, donde también carecen de mesas para el maestro,
pizarrón o pintarrón y mesa-bancos. Dicho rezago perjudica la educación de los
infantes escolares, redundando las circunstancias adversas para el buen aprendizaje
de los contenidos educativos.
Que yo recuerde, en estas sufridas tierras del sur,
no ha habido los suficientes dineros públicos para abatir tal carencia de aulas
dignas, pero también me consta que se ha dedicado una buena parte del erario a
obras o servicios que no han sido prioritarios y tampoco han tenido gran
impacto o beneficio social, por ejemplo, el recientemente construido y
destruido: Puente Bicentenario de Acapulco.
Desde que los tiempos son tiempos, algunos
gobernantes en la faz de la tierra, han querido inmortalizarse. No precisamente
porque hayan hecho prosperar a sus pueblos, puesto que eso, les ha importado un
comino. Se han inclinado por dejar obras “faraónicas o de relumbrón” en las
principales metrópolis, sin mayor trascendencia social. Afanosos han estado en
construirlas porque les permiten lucirse ante todo el mundo y pretender dejar
una huella imperecedera en el tiempo, aun cuando su contenido sea mera tierra,
ladrillo, cemento y fierro.
Así, algunos gobernantes emprenden la erección en
vida de grandes monumentos, mausoleos, palacios, edificios u obras suntuosas. Mínimamente,
en vida, propugnan porque escuelas, calles, avenidas, colonias populares,
unidades deportivas, sitios de taxis y demás, lleven su nombre, por los siglos
de los siglos.
El finado, Don Alejandro Cervantes Delgado, que fue
buen gobernante de Guerrero y que goza de la gran estimación del pueblo,
comentaba que él prefería, en lugar de hacer obras faraónicas, orientar los
recursos públicos, a las pequeñas y modestas obras comunitarias de gran impacto
social, diseminadas por todo el estado. Llámense aulas, agua entubada,
alcantarillado, caminos de terracería, centros de salud, canchas deportivas,
etc.
Ahora tenemos que hay gobernantes que erigen
tremendos edificios de gran costo que ni siquiera los terminan. Los dejan
inconclusos. Concretamente me estoy refiriendo al imponente edificio que
albergará las oficinas administrativas gubernamentales en la ciudad de
Acapulco.
El caso es que la administración de Zeferino
Torreblanca, lo dejó a medio construir, con un avance del 60 % y con una
inversión aplicada de ¡mil cien millones de pesos! Y para que no quedara como
un elefante blanco sin terminar, el actual gobierno estatal se ha visto en el
imperativo de comprometer, aproximadamente, quinientos millones de pesos más.
Total que el costo de ese armatoste de acero, costará la friolera de ¡mil 600
millones de pesos!, sino es que más.
No debemos dejar de tener en cuenta que las grandes
obras públicas pueden también permitir a algunos gobernantes allegarse dineros
públicos en forma ilegítima para sus bolsillos particulares, a través de la
clásica comisión subrepticia al asignar la construcción de tal o cual obra, a
tal o cual compañía constructora, con previa licitación a modo.
Dicha mochada que deben dar las empresas constructoras
por debajo del agua, dicen en los corrillos de café que anda alrededor del 20
por ciento del costo total de la obra. Por lo que las obra faraónicas permiten
que los montos a sustraer sean significativos y concretados a corto plazo. Ahí
está una de las fuentes de la riqueza millonaria “inexplicable” de ciertos
políticos y gobernantes.
Ahora bien, si se hubieran aplicado esos 1 600
millones de pesos (sin mochada) a la construcción de dignas aulas, y disminuir
las miles que existen de piso de tierra, con techumbres de láminas de cartón y
con tres ladrillos como mesa bancos; habríamos dotado a Guerrero de 8,000 aulas
escolares nuevas, que estarían dando un buen servicio educativo al menos a 240
000 infantes guerrerenses.
PD. Parafraseando la frase del drama de Hamlet: “Hay
algo podrido en Guerrero”
h.popoca.b@gmail.com
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