Si la seguridad
pública es una de las prioridades inmediatas, después de la aparición con vida
de los 43 normalistas, entonces las institucionesestatales para garantizarla deben
transformarse. La Fiscalía General del Estado y la Secretaría de Seguridad Pública
son fundamentales en la prevención y procuración de justicia. Pero ambas están
atravesadas por la corrupción y la impunidad.
La Fiscalía debe
cambiar, ser profesional, honesta y expedita en su cometido, sin tergiversar o
manipular los resultados que se deriven del cumplimiento de sus
responsabilidades. Las averiguaciones que se lleven a cabo no deben de
integrarse a modo del gobernante o del dinero emanado del soborno, porque además
de acarrear mayor injusticia,conllevanpérdidafuerte de credibilidad ciudadana.
Del total de delitos que se cometen en el país,a lo mucho,un 20 por cientollega
como denuncia ante el ministerio público.
Certificación,
respaldo científico y técnico,honestidad, el destierro de la tortura,la no
complicidad con la delincuencia, la capacitación profesional, el adecuado
equipamiento, así como espacios y sueldos, dignos y decorosos,son elementos a
tomar en cuenta para no corromperse y proporcionar un servicio confiable y de
calidad a la ciudadanía
Sucede lo mismo
con la Secretaria de Seguridad Pública, agregando que sus funciones y sus
protocolos de actuación debenser similares a los vigentes a nivel internacional.
Comprobado está que la represión no tiene cabida como forma de contener la
expresión popular. El presupuesto que opera la secretaríadebe aplicarse en
forma transparente y con rendición de cuentas; sobre todo lo referente a
nóminas y adquisiciones.
Es básica la estrecha
relaciónque deben guardar entre sí, las estructuras deseguridad pública
federal, estatal y municipal dentro de la alineación de acciones y homologación
decertificaciones, para impedir la infiltración de la delincuencia e incrementar
la eficacia en su combate.
Sabido es que la
delincuencia ha desbordado o cooptado el funcionamiento yla capacidad de respuesta
de las instituciones de seguridad pública en algunos municipios del estado. Eso
explica el surgimiento de las autodefensas ciudadanas y un mayor activismo de
las policías comunitarias ya existentes. Recomendable es respetar sus trabajos
preventivos para fortalecerla seguridad pública.Todo dentro de un marco de coordinación
y no de subordinación.
Las autodefensas
ciudadanas dejarán de tener razón de ser, cuando los parámetros de seguridad de
los ciudadanos seanacrecentadosy los delitos reducidos a su mínima expresión. Hoy,
la activa participación del pueblo es imprescindible ante la gran penetración
del hampa organizada.
No es buena la estrategiaque
el Estadocombata el crimen organizado y a su vez reprima
a las policías ciudadanas. Salvo que estas últimas estén seriamente infiltradas.
Por esola necesidad de una adecuadoacoplamiento de esfuerzos sin provocar divisiones
o corrupciones. La vigilancia recíproca de las fuerzas policiacas
institucionales y ciudadanases saludable para evitar desviaciones de alguna de
las partes.
Otro aspecto a
reforzar es la comunicación de la ciudadaníacon los cuerpos de seguridad
públicapara la pronta atención y acción ante actos que sean potencial o realmente
delictivos. Esto es, hacer partícipes a la juntas de vecinos, colonias, barrios,
zonas habitacionales, comunidades rurales, en programas como: Vecinovigilante,
Alerta ciudadana u otros ya existentes en otras entidades. Claro está que se
requiere de una mayor confianza de la
ciudadanía hacia la policía para que esto funcione.
PD1. “México es muy bonito pero el problema son sus
gobernantes que no pueden brindar la seguridad a sus propios ciudadanos”, Raúl
Liners, turista argentino que visita Zihuatanejo.
PD2. Un gobierno
de nueve meses, inmerso en una crisis de gobernabilidad, con un cuerpo social
lacerado profundamente, tiene estrecho margen de acción. Pero aún así, puede
dejar buena huella de su corta administración, si se lo propone.
h.popoca.b@gmail.com
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