1.
Apoyé en estos comicios a Luis Walton
Aburto, quién demostró durante toda la campaña electoral realizada, que su
candidatura para ser gobernador estuvo permanentemente impregnada de dignidad,
limpieza y congruencia. Me enorgullezco de haber caminado junto con él, en esta
contienda electoral.
2. Inobjetable
fue el triunfo obtenido por parte de Héctor Astudillo (HA). Así lo determinó la
mayoría de los votantes y la voluntad popular expresada debe ser acatada. La
alternancia en el poder regresó por la vía pacífica.
3. Teniendo
ya prácticamente el triunfo legal, le toca ahora a HA conquistar la legitimidad
social. El primer paso impele conquistar la credibilidad de la mayoría de los
electores que no votaron por su opción, más los abstencionistas. Por
consecuencia, no tendrá tiempo de gracia para empezar a dar resultados.
4.
Por la totalidad de los votos emitidos
queda demostrado contundentemente que la mayoría de los ciudadanos guerrerenses
optan por las elecciones, como forma de elegir a sus gobernantes; aun cuando en
mucho, todavía es perfectible el sistema democrático electoral que tenemos. Sin
óbice de reconocer que es uno de los más caros del mundo. Con todo, la
transferencia del poder por la vía pacífica lo vale. Limpiar las elecciones, es
ahora lo que procede.
5. Fracaso
rotundo resultó el llamado a que no hubiera elecciones. La lección popular dada
es que no tiene trascendencia social aquello que no esté acorde a la voluntad
mayoritaria del pueblo; por más que la causa enarbolada de una minoría busque
un propósito justo, socialmente hablando. Hoy tenemos los resultados del sentir
popular, nos gusten o no, que nos permiten otear el futuro próximo, sin visos
de zozobra, caos o anarquía; mismos que se hubiesen suscitado, de no haberse
llevado a cabo las elecciones.
6.
Reprobados quedaron quienes por la vía
violenta quisieron impedirlas. Ya sea amedrentando y asesinando candidatos; o impidiendo
establecer casillas, destruyendo propaganda electoral, robando o quemando
boletas. La violencia produce más violencia hasta que una de las partes queda
exterminada o totalmente sometida; con sangre, mucha sangre de por medio. Pugnemos
por las transformaciones sociales a la manera que Gandhi, Mandela, Luther King
o Salvador Allende nos dejaron como testimonio y ejemplo imperecedero para el
devenir civilizado de nuestra historia contemporánea.
7.
En medio de la vorágine de la sinrazón, la
violencia y de la injusticia imperante, la muerte cobra su señorío de nueva
cuenta, en la vida del joven maestro Antonio Vivar Díaz. Asesinado con arma de
fuego de la policía federal en la iglesia de la colonia Tepeyac en Tlapa.
Mientras en Iguala, también es acribillado a balazos, Francisco López Liborio,
líder del PRD y de colonos. ¡No más violencia del Estado! ¡No más violencia de
la delincuencia! ¡No más violencia de los luchadores sociales! ¡No más
guerrerenses muertos!
8.
Solo la paz se logrará transitando por los
caminos de la verdad y la justicia oportuna y expedita. ¿Por qué carajos no lo
entendemos así? ¿Cuántas muertes más propiciaremos para convencernos de ello,
en este demencial desencuentro social e institucional que padecemos en Guerrero?
El pueblo clama y reclama la paz, pero no la que provoca irritación e inestabilidad
social.
9. Al
gobernador Rogelio Ortega no se le puede regatear que ha puesto su mejor
esfuerzo para apostarle al dialogo, a los acuerdos y a los consensos, por
encima de los diferendos en aras de la distensión social. Es de reconocerse la
iniciativa de ley de amnistía que ha enviado al congreso local. Lleva a buen puerto
la nave social e institucional que ha estado sometida a violentas turbulencias
y desafíos mayúsculos.
PD. Una nota periodística da cuenta de la detención de
seis hombres relacionados con el robo,
secuestro, extorción y tráfico de estupefacientes en Acapulco. La edad promedio
de ellos frisa los 21 años. ¡Maldito el destino que les estamos dejando a
nuestros jóvenes!
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