Héctor Manuel Popoca Boone
En términos generales, los nuevos presidentes
municipales recibieron los ayuntamientos con deuda pública históricamente
acumulada. No es de su agrado afrontarlas, puesto que merman sus presupuestos
para sufragar personal, obras y servicios públicos a la población. La actitud
que toman es pagar los intereses más no el capital, trasladando a futuros
presidentes municipales la amortización completa de la deuda pública. Es por
eso que se vuelven deudas sempiternas.
Los que se van, dejan también adeudos a contratistas y
proveedores. Los que llegan, también los ven con suspicacia. Antes de pagar tienen
la obligación de verificar física y financieramente la existencia de lo
adquirido o construido. De lo contrario, tienen que solicitar la intervención
de las autoridades auditoras, si es que no existen arreglos de impunidad de por
medio.
Otra herencia no deseada son los juicios laborales en
donde hay millonarios laudos favorables a los trabajadores demandantes que no
fueron solventados a tiempo. Estos laudos se van pasando de una administración
a otra, hasta que llega un plazo límite para el pago, si no lo hacen sufren
embargos en sus cuentas bancarias y de otros activos fijos del ayuntamiento por
la autoridad competente.
Algunos presidentes municipales dejan una abultada
plantilla de personal sin necesidad de requerirla. El resultado es la
sobresaturación de la nómina y de los espacios administrativos, cuando no es la
planta aviadora que visita religiosamente las pagadurías quincenalmente. Esa es
la razón por las que laboralmente haya ayuntamientos demasiado obesos cuyo
adelgazamiento es muy oneroso. La mayoría de los ayuntamientos tienen pagos
vencidos acumulados por concepto de luz y de agua. A lo más que llegan es a
cubrir parcialidades de esas cuentas, para que no les suspendan la dotación de
esos importantes servicios.
Son pocos los ayuntamientos que tienen una cantidad
decorosa de ingresos propios gracias a un eficiente esfuerzo fiscal recaudatorio,
a pesar de los incentivos o devolución de impuestos para su aplicación local
que les hace el gobierno federal, por su buen desempeño. La mayoría no cobran
el impuesto predial o lo cobran en base a valoraciones muy bajas, lo mismo que
los derechos al agua entubada o al alumbrado público. La razón es política; de
hacerlo se ganan la malquerencia de los habitantes lo que se contrapone con el
proyecto de buscar una diputación o la reelección, en un futuro próximo.
Más del 95 por ciento de los ingresos municipales son
por transferencias federales y estatales. La mayor parte son las
participaciones y aportaciones federales en ministraciones parciales a lo largo
del año fiscal. La rendición anual de cuentas debe hacerse a la Auditoría
Superior de la Federación y la correspondiente estatal. Así, los departamentos
de contabilidad municipal tienen que hacer circo, maroma y teatro para que
cuadren las cuentas debido al desorden administrativo y desviaciones que tienen
en el gasto público. Dicho desorden contable y administrativo es producto, la
mayoría de las veces, de actos de corrupción de los presidentes municipales y
de su equipo. La opacidad en la forma de gastarlos es deliberada. La rendición
de cuentas prácticamente no existe. Campea la impunidad.
De unos años a la fecha, hay una nueva calamidad: la
presencia de la delincuencia organizada, que exige se les deje funcionar
libremente y nombrar al jefe de la policía municipal a cambio de otorgar
financiamiento ilícito de campañas electorales o por un soborno mensual.
El mal gobierno realizado es la causa por la que la
transferencia del poder municipal no se realiza en forma tersa y armónica.
Salvo honrosas excepciones, que son verdaderos garbanzos de a libra; como lo
fue el Ayuntamiento de Acapulco encabezado por Luis Walton. Mereció
distinguidos reconocimientos en el plano estatal y nacional, por la buena,
honesta y transparente aplicación del erario público.
PD. Defensor de los ricos es el nuevo secretario de finanzas
de Acapulco: “no es que no quieran pagar (el impuesto predial) sino porque no
tienen las facilidades para hacerlo,…” ¡Uf!
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