viernes, 9 de octubre de 2015

Recepción de ayuntamientos.

Héctor Manuel Popoca Boone

En términos generales, los nuevos presidentes municipales recibieron los ayuntamientos con deuda pública históricamente acumulada. No es de su agrado afrontarlas, puesto que merman sus presupuestos para sufragar personal, obras y servicios públicos a la población. La actitud que toman es pagar los intereses más no el capital, trasladando a futuros presidentes municipales la amortización completa de la deuda pública. Es por eso que se vuelven deudas sempiternas.

Los que se van, dejan también adeudos a contratistas y proveedores. Los que llegan, también los ven con suspicacia. Antes de pagar tienen la obligación de verificar física y financieramente la existencia de lo adquirido o construido. De lo contrario, tienen que solicitar la intervención de las autoridades auditoras, si es que no existen arreglos de impunidad de por medio.

Otra herencia no deseada son los juicios laborales en donde hay millonarios laudos favorables a los trabajadores demandantes que no fueron solventados a tiempo. Estos laudos se van pasando de una administración a otra, hasta que llega un plazo límite para el pago, si no lo hacen sufren embargos en sus cuentas bancarias y de otros activos fijos del ayuntamiento por la autoridad competente.

Algunos presidentes municipales dejan una abultada plantilla de personal sin necesidad de requerirla. El resultado es la sobresaturación de la nómina y de los espacios administrativos, cuando no es la planta aviadora que visita religiosamente las pagadurías quincenalmente. Esa es la razón por las que laboralmente haya ayuntamientos demasiado obesos cuyo adelgazamiento es muy oneroso. La mayoría de los ayuntamientos tienen pagos vencidos acumulados por concepto de luz y de agua. A lo más que llegan es a cubrir parcialidades de esas cuentas, para que no les suspendan la dotación de esos importantes servicios.

Son pocos los ayuntamientos que tienen una cantidad decorosa de ingresos propios gracias a un eficiente esfuerzo fiscal recaudatorio, a pesar de los incentivos o devolución de impuestos para su aplicación local que les hace el gobierno federal, por su buen desempeño. La mayoría no cobran el impuesto predial o lo cobran en base a valoraciones muy bajas, lo mismo que los derechos al agua entubada o al alumbrado público. La razón es política; de hacerlo se ganan la malquerencia de los habitantes lo que se contrapone con el proyecto de buscar una diputación o la reelección, en un futuro próximo.

Más del 95 por ciento de los ingresos municipales son por transferencias federales y estatales. La mayor parte son las participaciones y aportaciones federales en ministraciones parciales a lo largo del año fiscal. La rendición anual de cuentas debe hacerse a la Auditoría Superior de la Federación y la correspondiente estatal. Así, los departamentos de contabilidad municipal tienen que hacer circo, maroma y teatro para que cuadren las cuentas debido al desorden administrativo y desviaciones que tienen en el gasto público. Dicho desorden contable y administrativo es producto, la mayoría de las veces, de actos de corrupción de los presidentes municipales y de su equipo. La opacidad en la forma de gastarlos es deliberada. La rendición de cuentas prácticamente no existe. Campea la impunidad.

De unos años a la fecha, hay una nueva calamidad: la presencia de la delincuencia organizada, que exige se les deje funcionar libremente y nombrar al jefe de la policía municipal a cambio de otorgar financiamiento ilícito de campañas electorales o por un soborno mensual.

El mal gobierno realizado es la causa por la que la transferencia del poder municipal no se realiza en forma tersa y armónica. Salvo honrosas excepciones, que son verdaderos garbanzos de a libra; como lo fue el Ayuntamiento de Acapulco encabezado por Luis Walton. Mereció distinguidos reconocimientos en el plano estatal y nacional, por la buena, honesta y transparente aplicación del erario público.


PD. Defensor de los ricos es el nuevo secretario de finanzas de Acapulco: “no es que no quieran pagar (el impuesto predial) sino porque no tienen las facilidades para hacerlo,…” ¡Uf!

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