Héctor Manuel Popoca
Boone.
Por invitación de mi
apreciable discípula y flamante presidenta del Grupo ACA, Aleida M. Alarcón
Domínguez, el miércoles pasado asistí al tradicional desayuno semanal de dicha
asociación, donde el disertante fue el Secretario de Planeación y Desarrollo
Regional del Estado, David Guzmán, cuya plática versó sobre la realización de
la consulta popular para la formulación del Plan Estatal de Desarrollo.
Están acudiendo a las
diferentes regiones, escuchan y registran ponencias sobre los variados tópicos donde
actúan los guerrerenses para lograr su bienestar familiar. Que en estos tiempos
se sintetizan en sobrevivir, ante la violencia y delincuencia que nos azota de
tiempo atrás.
¿Para qué sirve dicha
consulta popular, me pregunté, si ya todos conocemos los problemas que nos aquejan
de antaño, tanto en lo político, económico y social?
En primer lugar, la
consulta sirve para actualizar dichos problemas y precisar si han disminuido,
permanecido igual, o por el contario, han empeorado. Analizar si han cambiado
las prioridades o se han acumulado otras. Por ejemplo: antes, lo principal era
combatir la pobreza y la desigualdad social; ahora, además de eso, necesario es
disminuir la violencia, la delincuencia y abatir la inseguridad pública.
En segundo lugar, sirve
de desahogo social. Es útil como catarsis colectiva para despresurizar la
tensión y la presión psíquica-social, provocada por la terrible realidad que
estamos viviendo. Está terapia grupal nos servirá bien sea para no llamar a las
armas, o, será motivo para ir continuamente con el psiquiatra, por la grave
depresión y frustración social que ya traemos a cuestas.
En tercer lugar, para que
la consulta no tenga el triste destino de sus antecesoras, de quedar arrumbadas
en el último cajón del archivo muerto gubernamental, habrá que ligar
estrechamente las líneas prioritarias de acción que de ella se deriven, con el
presupuesto público anual disponible. Y no caminar por diferentes carriles: donde
la consulta y el plan indican lo que debe ser y el presupuesto es aplicado donde
se antoja hacer. Agréguele a lo anterior, la descoordinación y simulación
institucional existente de viejo cuño.
En cuarto lugar, es
necesario alinear la demanda social que contendrá el Plan Estatal con el Plan
Nuevo Guerrero, de índole federal, que, como todos sabemos, lleva más de dos
años en operación, donde solamente los altos funcionarios de cuello blanco lo
conocen pormenorizadamente. Sintonizar y armonizar los dos en uno solo,
contando además con los planes de desarrollo municipal, para que los distintos
órdenes de gobierno no anden cada cual, por su lado, como llaneros solitarios,
queriendo y no pudiendo resolver por sí mismos los ingentes problemas de estas
tierras del sur profundo.
Es cierto, son tan graves
y tan amplios los problemas que padecemos, que es imposible resolverlos de la
noche a la mañana, ni con la harta y publicitada danza de miles de millones de
pesos gubernamentales destinada a la atención del reclamo social. Pero sí
podemos evitar todos, que sigamos cayendo en picada libre, tal y como nos estaba
sucediendo. “Guerrero nos necesita a todos”, (Héctor Astudillo, dixit).
En quinto lugar, para que
la consulta valga, condición, sine qua non,
es el cambio de hábitos y conductas en los gobernantes y sus equipos de trabajo.
Es necesario que el erario público asignado al plan sea gastado en forma
honesta, eficiente y eficaz. Con transparencia y con rendición de cuentas en su
uso y con medición de resultados logrados. Sin que haya impunidad alguna que
cubra cualquier lucro, ilícito o irresponsabilidad, individual o de grupo.
Y es ahí, donde la puerca
tuerce el rabo. Porque es mucho más fácil encontrar rosas en el mar, que erradicar
la corrupción, la dejadez, la ineptitud y las torpezas de altos burócratas y de
conspicuos políticos. En fin, no nos queda más que otorgar el beneficio del
“ojalá y nos vaya bonito”.
PD. Teniendo un cúmulo de
pendientes legislativos que desahogar con perentoriedad, nuestros ínclitos
diputados locales entraron en receso y no los veremos más sino hasta el mes de
marzo. ¡Uf!
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