Héctor Manuel Popoca Boone.
Un hito histórico fue para Guerrero y para Acapulco,
la presencia del Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, en estas
tierras del sur el pasado 3 de mayo. Vino acompañado de todo el gabinete
federal de seguridad. Dio a conocer a un selecto grupo de empresarios la
militarización completa, en materia de seguridad pública, de nuestra populosa y
afligida ciudad turística. El propósito es recuperar los mínimos de paz,
certidumbre y tranquilidad que reclama con urgencia la ciudadanía porteña;
mencionó públicamente que los gobiernos civiles no han cumplido con la
obligación de dársela al pueblo, desde varios años atrás.
Asumir las fuerzas armadas el control policiaco es la consecuencia
directa de los malos gobernantes y de la mediocre clase política que hemos tenido.
Nos lo merecemos, aun cuando ha habido muy honrosas excepciones. Enraizada
quedó a la fecha la narco-política y el imperio casi absoluto de la
delincuencia organizada sobre varias regiones del Estado.
El Secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos
Zepeda, dijo una gran verdad: “sin seguridad pública, no hay nada”. Por su
parte Osorio Chong, consciente de que la medida es extraordinaria y tremenda en
un régimen democrático, pidió una constante supervisión y evaluación de los
ciudadanos a la actuación de las fuerzas castrenses. También mencionó que es
menester evaluar a todas las autoridades civiles, las actuales y las anteriores,
causantes de este grave deterioro social.
En su discurso el secretario de Gobernación
reiteradamente pidió la participación activa de los ciudadanos y su
colaboración con el ejército, la marina y los cuerpos de policía federal en la
nueva estrategia para recuperar la paz, la justicia y la legalidad perdida. Al solicitar
la participación civil reconoce que los gobiernos quedaron rebasados ante el
embate de los cárteles. Fue enfático en decir que “Donde hay apoyo ciudadano,
se puede todo” y el todo se inicia con anular la práctica de la corrupción e impunidad
en las instituciones públicas.
Lo prioritario es entonces avocarnos, gobierno y
pueblo, a reconstruir en forma sólida los nuevos cimientos de seguridad pública
para desarrollarnos y progresar como un pueblo civilizado, pacífico y con pleno
respeto a todos los seres humanos y a todos sus derechos. Para eso, necesitamos
empezar por tener gobernantes ejemplares por su honestidad, eficacia y
legalidad, digo yo.
También señaló el jefe del gabinete del gobierno
federal la intención de establecer mesas ciudadanas para articular la
colaboración entre el pueblo y el gobierno en materia de seguridad y justicia.
No fue omiso al declarar que, en la entronización de la delincuencia en
Guerrero, el poder legislativo y judicial del nivel estatal, tuvieron su parte
de irresponsabilidad. También están corroídos, en términos generales.
Con preocupación hay que tomar nota de la designación de
un vocero único institucional para dar información veraz y en tiempo real de lo
que está sucediendo para contrarrestar la información tergiversada que los
malandros colocan en las redes sociales. La duda cabe porque aún no sabemos lo
que realmente sucedió en Iguala, el 26-27 de septiembre de hace casi dos años.
El Estado Mexicano se resiste a decirla y aplicar las responsabilidades
correspondientes.
Por cuanto a la libertad de expresión, me inclino más
por un exceso que por una restricción, sobretodo en un país que dice ser
practicante de la democracia como sistema de vida.
Es una lástima que para tan trascendental comunicación
oficial no hayan invitado al “prole”, que es el principal componente de la
población acapulqueña. Ellos, los desposeídos de siempre, son los que han
perdido mucho más que cualquier otro grupo social: la vida de sus hijos jóvenes,
que por pobreza abrazaron el camino fatal del sicariato sin retorno.
PD. Mao Tse Tung decía que “el poder nace del fusil”.
En Acapulco, hasta ahora, el poder nace del AK-47. Esperemos el año solicitado.
No nos queda de otra. Sí se puede.
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