Ante la constante agresividad pública del patán de
Donald Trump, que muestra a diestra y siniestra su desprecio inicuo a todo
aquello que de México sea originario. Ante hechos irrefutables de la concreción
de sus siniestros propósitos; como son el inicio de las razias para capturar
mexicanos en algunos estados de EUA, las correspondientes deportaciones
forzadas, el cierre de las fronteras a varios de nuestros productos de
exportación y el pronto inicio de la construcción del muro de la ignominia; me
tienen en verdad sorprendido, la pasividad y lo pusilánime de las actuaciones y
expresiones que hacen nuestros gobernantes frente a este gran problema al que debieran
presentar de ¡ya!, una defensa más contundente de los más altos y legítimos
intereses de nuestra patria.
Nuestros ínclitos gobernantes están pidiendo a
nuestros paisanos indocumentados que viven actualmente en EUA, que ¡no tengan
temor y que no caigan en la desesperación! Espero que yo haya descontextualizado
ese tipo de declaraciones, pero…
Son frases que en las circunstancias actuales convocan
a la abnegación como primer paso de entrada a la resignación nacional. Son
expresiones impropias de los adalides formales de nuestra nacionalidad y de
nuestro fervor patrio; improcedentes para los auténticos defensores del pueblo
mexicano.
Discúlpenme que me exprese con dureza, pero esos dichos
y comportamientos, con raigambre lacayuna, me recuerdan el comportamiento de
los dirigentes de los Consejos Judíos en Europa, durante la II Guerra Mundial; quienes
colaboraron activamente para apaciguar y convencer a su grey, que no les iba a
pasar nada ante las amenazas públicas y reiteradas de los alemanes nazis que en
aquel entonces se auto erigieron en rehabilitadores de su país y de la
supremacía de la raza aria. Esa colaboración vergonzante fue hecha por parte de
la mayoría de los dirigentes judíos, a cambio de que los nazis les respetaran a
ellos, vida y riquezas materiales.
Fueron los directivos de los Consejos Judíos quienes
convencieron a sus congéneres de obedecer con mansedumbre las atroces disposiciones
de Hitler y sus seguidores. Conocimiento concreto de esos actos ruines salieron
a relucir en el histórico juicio al que fue sometido el teniente coronel de las
SS nazis, Adolf Eichmann, en Israel, en el año de 1960; acusado del delito de
genocidio, por haber sido uno de los responsables principales de llevar a cabo
las deportaciones forzosas y después aplicar “La Solución Final” O sea, el
exterminio total del pueblo hebreo.
En ese juicio, se brindaron diversos testimonios de la
gran amistad colaboracionista que tenía Adolf Eichmann con el líder judío
Rudolf Kastner, dirigente del Consejo Judío de Hungría y con Josef Löwenherz,
jefe de la comunidad judía de Viena, quienes persuadieron a cientos de miles de
judíos de subir en forma obediente y tranquila a los vagones de la muerte que
los conducirían a los campos de exterminio, donde también eran judíos los
encargados de trasladarlos a las cámaras de gases y a los hornos crematorios, a
cambio de que los nazis los dejaran vivir un poco más de tiempo. En pocas palabras,
las evidencias mostraron que, en aquellos años de infortunio, los dirigentes
morales de los judíos eran los verdugos de su propio pueblo, al pedirles
serenidad, acatamiento y subordinación a los designios de los patanes nazis, en
esa época oscura de la humanidad.
Por eso no debemos aceptar las convocatorias suaves y
diplomáticas que nos dirigen para doblar la cerviz frente al patán de Donald Trump.
Tampoco se trata de responder irresponsablemente a sus bravatas y actos inamistosos,
sabedores que tiene a su alcance la utilización de las armas más letales que la
humanidad háyase visto ser depositadas en un ser cuya mente es rica en procesos
neuronales sumamente primitivos.
PD1. Hoy el pueblo mexicano libra batallas históricas en
dos frentes. El externo, ante los embates de Trump. Y el interno, frente a los
yerros del gobernante nacional y su partido, el PRI.
PD2. Les recomiendo la lectura del libro: “Eichmann y
el Holocausto”. De la filósofa y politóloga Hannah Arendt.
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