Al
presidente municipal perredista de Acapulco, Evodio Velázquez, le resalta la ausencia
de buena huella en el oficio de gobernar. Comparado con la administración
municipal pasada el contraste es cada vez más notorio, por cuanto a niveles de
corrupción, opacidad, inseguridad, endeudamiento y obra pública se refiere.
A
estas alturas del partido es infructuoso seguir culpando de su fallido quehacer
público al gobierno de Movimiento Ciudadano que le antecedió. Buena parte de
los problemas y fracasos que ha tenido Evodio son por la ineficiencia,
irresponsabilidad y opacidad en el manejo del dinero público, entre otras cosas.
La inseguridad pública no
ha disminuido, todo lo contrario. La policía municipal sin certificar mantiene
la lógica desconfianza ciudadana. Es más, policías ya dados de baja los
volvieron a dar de alta, con el consecuente aumento en los delitos citadinos.
Memorable es la frase pública de Rubén Figueroa Stmuny: “Evodio vendió la
plaza”, que jamás fue desmentida contundentemente por el edil acapulqueño.
En
materia de finanzas públicas municipales hubo una reversión. Ahora el gobierno
de Acapulco tiene una calificación internacional de tendencia negativa. Nulificando
así, la calificación de tendencia positiva lograda por la administración de
Walton. La opacidad, discrecionalidad, endeudamiento y descontrol en el manejo
del gasto público caracteriza el gobierno de Evodio. La variable e incierta
cuantía de los préstamos bancarios recibidos -algunos con la falta de
autorización del cabildo-, dan pie a conjeturar que se ha disparado la deuda
pública.
La capacidad de pago del
ayuntamiento está seriamente disminuida. Sin posibilidad de que se le otorguen
financiamientos bancarios adicionales. Dicho recientemente por Evodio: las
finanzas públicas están en quiebra y, por ende, insolventes para enfrentar las
principales responsabilidades laborales y deberes de servicios públicos (agua,
luz, etc.) para la población acapulqueña.
También
la obra pública municipal del trienio 2015-2018 resplandece por su escaza
realización. Difícilmente podrá equipararse con la realizada en la
administración de Walton-Uruñuela que, si bien es cierto, en su momento, causó
fuerte irritación ciudadana en su construcción, ahora es apreciada por su funcionalidad
y calidad, valiendo la pena las molestias generadas. Con el tiempo pues, la
obra pública municipal realizada por el gobierno del partido naranja sigue acreditándose.
Por
otra parte, la nefasta triple alianza, integrada por el PRI-PAN-PRD, hace gala
de denostar, una y otra vez, todos los días de la semana, a toda hora y por
todos los medios posibles a Andrés Manel López Obrador. Tratan de pararlo -a
como dé lugar- por ser el más aventajado en las preferencias ciudadanas para triunfar
en la contienda democrática (¿) por la presidencia de la república, en las
elecciones federales del próximo año.
Ese mismo trío político,
no dice que sus gobiernos copiaron las políticas públicas exitosas establecidas
por López Obrador cuando fue gobernante de la ciudad de México, como fueron: el
programa universal de apoyo económico a las personas de la tercera edad, a las
madres solteras, así como las becas estudiantiles y la creación de
instituciones de educación media y superior, para no dejar sin oportunidad a
los jóvenes de seguir preparándose, entre otras.
Eso, sin contar con las múltiples
obras de infraestructura urbana realizadas para resolver los problemas de agua,
drenaje y movilidad vehicular de la gran megalópolis; además de dar
oportunidades de negocios a los grupos empresariales, a partir de la buena
orientación y ejercicio de la inversión pública como detonadora de la inversión
privada. O sea, de que sabe gobernar, lo sabe hacer.
PD. Que quede claro: Por sí solos, de partido a
partido, Morena le ganó al PRI en el Estado de México, por una diferencia de 56
mil votos, a pesar del enorme e ilícito cochinero electoral que el gobierno
federal, estatal y municipales de extracción priistas y demás partidos coludidos
orquestaron.
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