Héctor Manuel Popoca Boone.
En su segundo informe anual
de gobierno, Héctor Astudillo Flores, convocó al poder legislativo, judicial y
a los presidentes municipales de Guerrero, a firmar un pacto por la seguridad,
para, de nueva cuenta, intentar enfrentar con mayor eficacia la violencia que
predomina en estas tierras del sur. Hacerlo entre poderes y gobiernos de
Guerrero es redundante. Es deber y responsabilidad de ellos, por encomienda
libremente aceptada, combatir la delincuencia e inseguridad que nos aquejan.
Para eso voluntariamente participaron en los comisos y por eso fueron electos: para
enfrentar lo que se hereda y lo que se sigue generando, sin eludir
responsabilidades. Lo mismo acontece con la instancia federal que tampoco por
si misma ha podido frenarlas.
El pacto dejaría de ser ficto
y elemento distractor, si también contemplara la participación de la sociedad organizada,
en específico: policías comunitarios indígenas, partidos políticos,
organizaciones no gubernamentales, asociaciones civiles y religiosas, gremios,
empresarios, centros de educación superior, pueblos indígenas, etc., quienes padecen
directamente el flagelo interminable de la violencia.
Para que el pacto por la
seguridad de Guerrero pueda tener visos de veracidad, certidumbre y eficacia, el
convocante debe de estar revestido de la suficiente autoridad moral y política
para encabezarlo. Es menester que el gobernador predique con el ejemplo y
empiece a dar los primeros pasos concretos sin necesidad de la firma de
referencia. Haciendo uso de sus facultades formales y de facto; tiene que
recuperar la confianza ciudadana perdida en su gobierno. Sobre todo, cuando la
ciudadanía muestra suma incredulidad y hartazgo ante la enésima estrategia que sobre
seguridad se pretenda implementar a partir del susodicho pacto.
Sería poco creíble al pueblo la
convocatoria gubernamental, si antes no libera a los presos políticos indígenas
de la CRAC-PC de la Región de la Montaña. Mantenerlos recluidos en la cárcel y
no haber respetado el debido proceso legal es factor que contribuye al
resquemor social. Patentiza la ilegalidad que revisten todavía ciertos actos gubernamentales.
Otro acto que está en sus
manos realizar sin pacto alguno, es indicarle a la fiscalía estatal termine, de
una vez por todas, la investigación a fondo del suceso protagonizado por policías
federales, presuntos asesinos de 2 normalistas de Ayotzinapa, en la Autopista
del Sol, el 12 de diciembre del 2012. Similar es el caso del crimen del
diputado local Armando Chavarría, en el último cuarto del año 2009, en donde la
fiscalía estatal no solo se ha vuelto omisa, sino posiblemente encubridora, al
señalar como posible culpable intelectual al ERPI, cuando todos los indicios
que tiene en su poder señalan que no fue así. O el asesinato irresoluto del joven maestro y luchador social, Antonio
Vivar Diaz, presuntamente a manos de un policía federal en la Colonia Tepeyac,
en la región de la Montaña, el 7 de junio del 2015
Sería baladí que nos dijera
el gobernador Astudillo la reiterada y socorrida refutación de que el fiscal
estatal goza de autonomía en sus acciones. Cuando es de todos sabido que él, haciendo
uso de su poder de facto, fue quien realmente lo designó, por medio de la
fracción mayoritaria de diputados locales del PRI, de la cual es el jefe político.
Aseverar lo contrario es entrar en el mundo de la simulación política formal
que se practica desde siempre en Guerrero y que tanto daño ha causado funcionar
a doble cara.
PD1. El Frente Ciudadano por
México, inicia sus foros temáticos para recabar las propuestas de la sociedad
en Chilpancingo, el próximo martes, en el Salón Diamante, abordando el tema:
Buen Gobierno, Transparencia y Rendición de Cuentas.
PD2. ¿Por qué se empeña López
Obrador en destrozar la democracia interna de su partido Morena? ¿Quiere ser el
émulo del Padrecito Josif Vissariónovich?
PD3. El PRI, a través de Jorge Meade ya
dijo que, en el próximo sexenio, ¡Más de lo mismo! Entonces yo digo: ¡Sálvese
quien pueda!
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