Héctor Manuel Popoca Boone.
De gran importancia para el PRI es
tener desde el principio doblegado al INE, al TRIFE y a la FEPADE; que son,
junto con sus pares estatales, los árbitros en el presente proceso electoral. Por
eso, José Antonio Meade, ha reiterado en varias ocasiones que el PRI usara la
misma estrategia empleada en el Estado de México, hace un año.
Eso permitirá a la mapachería
profesional priista diseñar y llevar a cabo las acciones más eficaces para lograr
el gane con la mayor libertad; no importando que sean violatorias de las reglas
electorales. Saben de la flexibilidad que los árbitros electorales les
brindarán para cometer los fraudes necesarios para triunfar, cueste lo que
cueste; ya que actuarán bajo la consigna “dejar hacer, dejar pasar”, sin ver,
oír u opinar. Serán muy laxos con los priistas en el acatamiento de las normas,
obsequiándoles la correspondiente impunidad.
De esa contienda del 2017, varios destacados
analistas políticos* concluyeron que las instituciones aludidas favorecieron al
candidato a gobernador del PRI, al no asumir su papel de vigilantes imparciales
del proceso. Le brindaron apoyo descarado al ser omisos de las pillerías que
cometió el PRI junto con el gobierno federal y el estatal. No investigaron a
fondo el flujo de fondos ilegales usados en la campaña. Al final, los tribunales
electorales desecharon los atropellos documentados de los que fueron víctimas
los otros partidos políticos y sus candidatos, especialmente la candidata de
MORENA.
Por cuanto a los organismos locales
electorales se refiere, su ciudadanización quedó malograda desde el principio,
ya que con la debida antelación el gobierno del estado (PRI) a través de su
fracción parlamentaria mayoritaria en el congreso local, nombró como consejeros
electorales personas a modo, en vez de seleccionar a los más capacitados,
profesionalmente hablando.
El gobierno federal y el PRI, junto
con sus pares estatales, también actuaron al ras de las casillas electorales, en
la selección a modo también de los funcionarios electorales de último momento,
así como del posicionamiento de sus representantes de partido en cada una de
ellas. Se trataba de tener el control de los lugares de la jornada donde estarían
las urnas en que se depositarían los votos.
La estrategia del PRI implementada en
el Estado de México violó toda legalidad electoral establecida para asegurar su
triunfo en un marco de completa inequidad. Eso se tradujo en ilegitimidad por
todos reconocida. Repetirla a escala nacional suscitará conflictos post
electorales de gran magnitud, al estar en juego poderosos intereses de todo
tipo, en un contexto de compleja problemática por la que atraviesa el país.
Si lo que nos importa a todos los
mexicanos es que el voto ciudadano sea contado con honestidad y sin coacción
alguna, en un marco de limpieza electoral, resulta sumamente preocupante que, José
Antonio Meade y el PRI de los pinos, quieran obtener el triunfo como sea y a
como dé lugar; ante el desprestigio que Meade ya arrastra y la debilidad popular
que exhibe como candidato presidencial.
Al tratar de retener el poder
presidencial a toda costa, a los priistas no les importará cometer gran fraude
electoral a nivel nacional, para así proteger los intereses de unos pocos,
sobre las ingentes demandas de los muchos mexicanos depauperados. Privilegiaran
la deshonestidad sobre la pulcritud y la perversión sobre la ética.
PD1. ¿Quién le
cree a Ricardo Anaya? Nadie. ¿Quién le tiene confianza a José A. Meade? Pocos.
Entonces, quedémonos con la esperanza de un cambio verdadero.
PD2. Es una
infamia usar la policía estatal de Guerrero como guardia blanca armada de las
empresas mineras extranjeras. Tal y como sucedió en Cananea, en la época del
dictador Porfirio Díaz. ¡Ver para creer!
PD3. Zeferino
Torreblanca no tiene calidad moral para postularse como candidato para
presidente el Ayuntamiento de Acapulco. Cuando fue gobernador de Guerrero
mostró su talante autoritario, represor, racista, corrupto y probable
magnicida.
* “El infierno
electoral.” Bernardo Carranco, et al. Editorial Grijalbo.
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