Héctor Manuel Popoca Boone.
Son claros y evidentes,
el hartazgo ciudadano producido por la corrupción e impunidad imperante; así
como la generalizada irritación de los mexicanos por la alta inseguridad y
violencia pública que denota falta de gobernabilidad. No menos por la ensanchada
desigualdad social y la carencia de empleos para el mejor porvenir de los individuos
y sus familias. Querámoslo o no, estos factores forman parte de la motivación y
razonamiento que orientara el voto de la mayoría de los electores el próximo 1
de julio.
Hemos llegado a una
situación límite. Son los anteriores vicios y delitos sociales los que han
gangrenado nuestro sistema nacional de vida justa, democrática, nuestra
cotidianeidad y nuestras estructuras gubernamentales. Lacras corrosivas que
gobiernos anteriores adoptaron como partes esenciales de su propio funcionamiento,
perdiendo así la capacidad de garantizar justicia, tranquilidad, paz y
prosperidad colectiva, que es un reclamo popular permanente.
Andrés Manuel López Obrador
no es el Moisés que nos conducirá a la nueva tierra anhelada, a corto plazo. En
lo inmediato, si representa su nombre y persona la esperanza social de un
cambio verdadero. Anhelo incubado como resultante del estancamiento y deterioro
que ha estado padeciendo nuestro país, a lo largo de poco más de tres décadas;
cayendo en una crisis que abarca y embarga todos los ámbitos de la vida
nacional. Está en nosotros, ser nuestros propios salvadores.
AMLO postula que es
erróneo combatir la violencia, pluri-facetica y multi-causal, con tan solo la
fuerza institucional. Estaríamos eternizando la guerra civil de baja intensidad
que nos flagela, matadora de miles de jóvenes. Horror social que nos configura
como uno de los países más violentos a nivel mundial. Más aún cuando lo
delincuencial anida y guarda protectorado en diversas partes de la estructura
gubernamental. Eso nos deja a los ciudadanos en la indefensión total; por la
total falta de confianza y credibilidad en las autoridades, que se muestran
ineptas e incapaces. Por eso la certificación profesional debe abarcar a todo
el personal del gobierno, empezando por los funcionarios y mandos medios y
superiores.
Enojo grande causa que
la canasta básica de alimentos resulte hoy más cara que hace seis años. No hay
peor supeditación que aquella que provoca el hambre. A los gobernantes,
empresarios y políticos de altos ingresos económicos eso los tiene sin cuidado.
Fue un error abandonar al campo mexicano proveedor de los granos básicos para
la alimentación popular. Con el argumento de que salía económicamente más
barato importarlos, ahora resulta más caro hacerlo por la devaluación paulatina
que ha sufrido nuestra moneda; ergo, nos es más costoso hoy en día mantener
nuestra soberanía alimentaria. Sobre todo frente a la prepotencia del gobierno
del patán de Donald Trump.
La autosuficiencia
alimentaria es un imperativo para poseer una patria fortalecida y no reducida a
su mínima expresión con ingobernabilidad regional y con una soberanía vulnerada
por constantes humillaciones sajonas del norte. Herencia que dejan los
gobiernos del PRI y del PAN. Ciertamente muchos estamos indignados con los
gobernantes y políticos apátridas, voraces y depredadores de aquello que nunca
fue de ellos, sino de la nación.
Los gobiernos han concesionado
a los barones del dinero nuestros principales recursos energéticos y
territoriales, que son puntales estratégicos para cimentar a mediano plazo
cualquier proyecto de desarrollo económico nacional incluyente. Nos despojaron del
petróleo, la electricidad, la fuerza hidráulica, eólica y solar entre otras.
En términos absolutos y
sin clasificaciones sofisticadas, cada día hay mayor pobreza en nuestro país.
Los malos gobiernos de este período neoliberal, no han sido capaces de
otorgarles a la mayoría de los millones de mexicanos las oportunidades de tener
una vida digna y decorosa.
PD. Exasperación por
impotencia es lo suscita el violento asalto perpetrado al reportero del El Sur,
Luis Daniel Nava, en Chilapa; y el artero asesinato del joven político de San
Marcos, Rodrigo Salgado Agatón.
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