Héctor Manuel Popoca Boone.
Las ramificaciones que desarrolla la economía de la
delincuencia organizada son vastas; tanto como lo es la actividad económica de
un país. Diversas narrativas dan cuenta cómo las mafias italianas incursionaron
con éxito en diversas industrias legalmente establecidas: de la construcción,
del desecho de residuos tóxicos, de la alta y glamurosa moda del vestido y, sobre
todo, la dedicada a los consumibles de rápida obsolescencia, pero de alta
densidad económica en los grupos sociales encumbrados o de elite. Además de las
consabidas sustancias adictivas que provocan efímeros placeres neuronales y un
gran cúmulo de desgracias personales y de grandes fortunas para los victimarios.
(Ilustrativa es la lectura de “Gomorra” de Roberto Saviano)
De las economías micro regionales han echado mano “los
amigos organizados” para subordinarlas; contratando para tal fin profesionistas
en artes contables, administrativas y económicas para fincar empresas
integradoras, comercializadoras y de proveduría en general, de gran expansión
y penetración social.
En la jerga económica se denominan empresas integradoras
aquellas que se dedican a prestar servicios financieros, oferta de mercancías y
otros productos, a pequeñas o medianas empresas asociadas. Tienen como
propósito hacer compras en común de materias primas o insumos, vender de manera
consolidada determinada producción manufacturera, tener altos réditos en
préstamos y realizar transacciones compactadas que optimicen sus ganancias.
Los “amigos organizados” no solo se dedican tan solo al
cobro de piso, la extorsión, la trata de personas o el secuestro. Al controlar
y gobernar de fijo, territorios determinados, establecen circuitos de
comercialización-consumo, controlados y opacos en demasía; cuya fachada son
negocios comercializadores comercializadoras que proveen, en forma permanente,
artículos de consumo a pequeñas y medianas empresas que venden al menudeo.
Estas unidades mayoristas
venden al pequeño empresario; forzándolo a adquirir los productos a un precio
más alto del que corre en el mercado; y éstos a su vez, lo repercuten en el
precio final al consumidor. La coerción, el amedrentamiento, cuando no la violencia
material o física al empresario, son los medios de persuasión socorridos en
última instancia. No hay libre oferta sino compra forzada a tal o cual empresa
mayorista que se les indica.
Este nuevo y subrepticio impuesto a la compra del
producto trae, por ende, un mayor precio al consumidor y una economía local
cara. Es en pequeña cuantía, pero al hacerlo en forma extensiva o masificada,
la sumatoria global de venta en muchas tiendas arroja una masa monetaria de
fuerte consideración. Así, repito, los comerciantes al menudeo son obligados a
adquirir todas clases de mercancías, en determinados almacenes propiedad de los
que hoy gobiernan de facto los territorios; desde refrescos, alimentos
enlatados, artículos de limpieza, enseres domésticos, hasta vestidos y
calzados.
Este tipo de economías coercitivas se han arraigado
fuertemente en los mercados locales, distorsionándolos. Estamos hablando de una economía capitalista
micro-regional secuestrada, en la que la libre oferta y demanda quedan hechas
trizas por fuerzas superiores en donde la famosa mano invisible del mercado
-pregonada por Adams Smith- porta ahora una lucidora AK-47.
PD1. Si las cosas te salen
mal al hacerlas en determinada forma; es inútil que tengas resultados
positivos, si las sigues haciendo de la misma manera. Cuestión de sentido
común.
PD2. Hay una mimetización entre los
empresarios-políticos; los políticos-empresarios y los narco-políticos-empresarios.
Corrupción, S.A. de C.V.
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