Héctor Manuel Popoca Boone.
Las estadísticas económicas son
engañosas cuando no se saben interpretar correctamente o cuando incorrectamente
se festinan. Hay una reflexión irónica sobre este tema, de estudiosos del campo
mexicano, a saber: “En México existen las mentiritas, las mentiras, las
mentirotas y las estadísticas agropecuarias”. De tal suerte que, a ciencia
cierta, no se sabe, por ejemplo, cuál es exactamente la producción y la
productividad del maíz obtenida en Guerrero en un año
específico; ya que los datos no tienen la exactitud ni la certeza requerida. Se
levantan a través de muestreos y/o fotografías satelitales, con espectros dudosos
de territorios sembrados. El margen de error puede ser significativo.
Obviamente que los gobernantes y funcionarios adoptan las cifras al alza para
efectos de sus informes gubernamentales o desempeños profesionales.
Por otra parte, y en otra secuencia
de ideas, llama la atención la declaración pública del secretario del Trabajo y
Previsión Social del gobierno estatal donde señala que “nuevamente Guerrero mantienen
la tasa de desempleo más bajo en el país.” Señaló que mientras a nivel nacional
subió de 3.5 a 3.6 por ciento, en Guerrero se mantuvo en 1.4, que sigue siendo
la tasa más baja a nivel nacional.
Su declaración reciente, dada con
bombo y platillo, causa extrañeza porque da a entender que son cifras del 2020;
pero resulta que no, porque aún no termina el primer trimestre del presente año
y el INEGI todavía no puede terminar de procesar las correspondientes al primer
trimestre del año. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), que
levanta el INEGI, informa que, para diciembre del 2019, la tasa correcta de desocupación
cerró en 3.1 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) a nivel
nacional, con datos ajustados por estacionalidad y Guerrero cerró con una tasa
de 1.5 por ciento. Que de cualquier manera es la más baja del país.
Semánticamente llama la atención que el INEGI
denomina “Tasa de Desocupación” a la proporción de la PEA, integrada por personas de 12 y más años que no trabajaron siquiera una hora durante
la semana. Erróneamente pudiera entenderse que, con esta tasa de desocupación
baja, Guerrero es un Estado donde la inmensa mayoría de la población está
ocupada o sub ocupada y, por lo tanto, posee relativa seguridad económica; lo
cual no es cierto.
Guerrero es uno
de los estados más pobres del país, junto con Oaxaca y Chiapas. El PIB per
cápita anual que genera así lo indica. Además, su tasa de crecimiento económico
en 2019 permaneció estancado y el indicador de su actividad económica fue
negativo (-1.13 por ciento) (INEGI). Por lo que los empleos formales e
informales que existen están muy frágiles en el mercado laboral; es decir, generan
ingresos de subsistencia que no sacan de la pobreza a la inmensa mayoría de la
población.
No es necesario ser economista
para saber que donde no hay suficiente inversión, no se pueden generar empleos
permanentes, dignos y decorosos con capacidad de compra de bienes y servicios.
Guerrero no tiene la suficiente inversión, ni pública ni privada, y no la
tendrá a corto plazo, para salir de la situación de pobreza que lo distingue.
Máxime cuando la inseguridad, el desorden y la violencia es lo prevaleciente y
distinguible en estas tierras del sur, hoy en día.
Es más, las empresas están
huyendo y numerosos guerrerenses emigran en búsqueda de mejor calidad de vida. Por
eso es baja la tasa de desocupación; porque es fuerte la intensidad de
migración de los guerrerenses que no encuentran trabajo en su tierra de origen.
No tratemos de otorgarle a los datos la magnificencia que no poseen; porque “la
mona, aunque de seda la vistan, mona se queda”.
PD. En el Programa de
Fertilizantes-2019, que tuvo mucho respaldo de Amílcar Sandoval Ballesteros, tuvo
fuertes irregularidades administrativas, posiblemente vinculantes con gran
corrupción. Eso pasa por apoyar programas a tontas y a locas.
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