Héctor Manuel Popoca Boone.
Parece ser inminente que la autoridad estatal emita el Decreto oficial para
el cambio del semáforo pandémico de Guerrero al color naranja, que sigue significan
una situación de riego, pero con mayor permisibilidad de movilidad social y
apertura de actividades económicas no esenciales. El riesgo es grande porque,
por un lado, Guerrero es un estado pobre en extremo y la crisis económica le está
pegando en demasía, con efectos devastadores en el ingreso y empleo de la
mayoría de la población económicamente activa. No contamos con una economía
fuerte y diversificada. El hambre ronda y cuando se presenta no respeta nada ni
a nadie.
Por otra parte, hay fuertes probabilidades que la pandemia se agudice en el
Estado. Las cifras y reportes diarios oficiales, indican que sigue en expansión
y como dijo el Gobernador, ni la hemos disminuido, ni aplacado su intensidad de
crecimiento. La cruda verdad es que habrá mayor mortandad social. No esperemos
nuevo brote, porque sencillamente no ha dejado de brotar a diario. Si en máximo
riesgo algunos no cumplieron con las normas establecidas por Decreto oficial,
ahora que pasemos a una fase de riesgo aminorado, el desbordamiento ciudadano y
la desobediencia civil se acrecentaran en forma notable.
La gravedad estriba también en que la estructura gubernamental no está aún
bien preparada para afrontar los fuertes efectos letales del Covid-19. Tenemos
un endeble sistema estatal de salud pública poco preventivo, ya reseñado en mi
artículo de opinión del 20 de marzo pasado, en este diario.
El nivel de la consciencia ciudadana sobre la gravedad del asunto dejó que
desear debido a nuestro bajo nivel educativo estatal y a la falta de credibilidad
civil en los señalamientos precautorios difundidos por el gobierno; y el
evidente manipuleo de cifras y frases edulcorantes de los gobernantes y
funcionaros públicos, que han tratado siempre de ocultar la verdadera gravedad del
tema al máximo posible.
La dimensión de la tragedia en Guerrero debemos tenerla presente a partir
de estimaciones y datos más fidedignos; porque los difundidos institucionalmente,
adolecen de sub estimaciones y sub registros. El académico universitario, Raúl
Rojas, ha calculado para el caso de México, factores de corrección a las cifras
oficiales con el propósito de tener una estimación más realista de la magnitud
de la pandemia. Usando esos parámetros correctivos para el caso de Guerrero,
nos arrojan que a estas fechas el número de decesos asciende alrededor de mil personas;
los contagiados positivos a poco más 6 mil personas y los contagios sospechosos
por arriba de los 188 mil habitantes.
Por lo tanto, la decisión de cambiar el color del semáforo pandémico de
rojo a naranja en Guerrero será de índole política y económica; más no de salud
pública. De por sí convalidaremos lo que ya acontecía: el pueblo pobre salía de
sus casas a buscar el pan de cada día para su familia, afrontando todos los
riesgos. Con semáforo o sin semáforo. Con el cambio de color otra ciudadanía
más, verá ampliadas sus oportunidades de ingresos y también de satisfactores al
abrirse mayores actividades de producción y mercadeo de bienes y servicios.
Reconozcamos que estamos llegando a los límites de la forzada contención económica,
so riesgo del advenimiento masivo de la delincuencia generalizada. El gobierno
estatal tendrá que aplicarse con mayor contundencia y eficacia para que la
situación no se escape de control y nos encaminemos a una situación
catastrófica en lo general. Si algo falta en Guerrero es más honestidad, orden,
disciplina y legalidad.
Será una decisión difícil y amarga que debe tomarse, sabedores que los mayores
contagios y decesos correrán a cargo de los pobres. Aún con la invisibilidad
por siempre sometidos, las estadísticas lo demostrarán. Bienaventurados
aquellos que tenemos algún ingreso fijo mensual sin salir de la casa. Ahí cabemos
los gobernantes, legisladores, los políticos del sistema, los burócratas, los
grandes y medianos empresarios, los rentistas, los académicos, la jerarquía
eclesiástica y militar, los analistas políticos, etc.
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