Héctor Manuel Popoca Boone.
No
creo necesario respaldar estadísticamente lo que muchos están sufriendo como el
efecto colateral más grave de la pandemia: el deterioro de la economía popular,
que queda desplomada abruptamente. Muy disminuidas están: la inversión, el
empleo, la producción y comercialización de bienes y servicios, el ingreso de
la micro y la pequeña empresa, generalmente familiar y el poder de compra de
las familias; así como la drástica contracción del mercadeo de mercancías y
servicios. A la asfixia respiratoria y vascular biológica que les provoca la
pandemia, se le une la estrechez e inanición económica de miles de unidades
productivas en Guerrero. En la economía, como en la salud, los primeros que
sufrientes son los de siempre: los condenados a ser parias en su mismo terruño:
los carentes de los bienes básicos de carácter material.
La
economía sureña que vulnerada ya estaba, ahora lo está más. Al ser una economía
muy dependiente de consumos y productos traídos de fuera a su territorio. Es
una economía generadora, a su vez, de productos primarios sin mayor valor
agregado; con menguados recursos naturales, depredados e históricamente
saqueados (turísticos, hídricos, forestales, agrícolas, pesqueros, lacustres y
mineros, fundamentalmente), por empresas y adinerados, locales, nacionales y
extranjeros, con clara vocación extractivista, Eso ha desembocado en que
tengamos una mono actividad económica: el turismo, en su forma de enclave como
columna vertebral y epicentro económico. Eso, en el marco de una desigualdad
social brutal y sempiterna, con muy bajo nivel de desarrollo humano, en cuanto
nutrición, salud, educación e ingresos económicos de la mayoría de su población,
rural y urbana. Esas son las causas por las que estamos a la puerta de una crisis
económica, creciente y acentuada, que, a las claras, nos empieza a circundar en
forma de espiral ascendente avasalladora. La precarización de la pobreza trae
como consecuencia el incremento sustancial de la delincuencia de toda
naturaleza acompañada de un egoísmo, individualismo y agandalle exacerbado.
A.
- Si yo fuera gobernador pondría como primera prioridad no a los grandes
negocios sino a los que menos tienen. Se impone fortalecer la economía social o
popular desde ya; es decir, la economía de los de abajo, a la que pertenecen la
mayoría de habitantes de estas tierras del Sur; enfocándonos a vigorizar los
procesos económicos locales, donde la circulación del dinero, las mercancías y
servicios se den principalmente dentro de y para la comunidad. En otras
palabras, que la producción, el consumo y el ahorro no tengan un flujo de extracción
de recursos, ahorro y trabajo, sino de retorno interno incrementado.
Con
las dinámicas económicas de un nefasto por voraz capitalismo neoliberal, -para
la gente pobre- los pocos o muchos excedentes económicos han sido canalizados
fuera de los territorios locales y acumulados por unas cuantas manos de grandes
empresas o corporaciones transnacionales y reinvertidos o consumidos fuera de
Guerrero. Por lo que es imperioso que el gobierno estatal, por elemental
solidaridad humana, apoye la economía social, en condiciones, donde ahora no se
dan flujos monetarios internalizados para invertir, ni tampoco para comprar;
mucho menos para ahorrar. Prácticamente no hay una economía con circuito de
reproducción interno. De muchas décadas atrás es la pobreza imperante, la que
ha caracterizado a Guerrero y ya rasga en hambruna en algunas regiones, sobre
todo en las zonas indígenas de la Montaña, por lo que también necesitamos el
diseño y puesta en operación de programas de acciones inmediatas de carácter
regional:
B.
– A las miles de familias en pobreza extrema obligados moralmente estamos a seguir
otorgándoles transferencias directas de dinero (condicionado y supervisado), en
la modalidad de subsidios directos al consumo familiar; tal cual fue la
concepción original del programa federal exprofeso, que se les otorgaba
directamente a las mujeres responsables de la familia, siempre y cuando constataran
que sus hijos participaban formalmente en los ciclos escolares primarios, y la
familia entera a consultas médicas periódicas y gratuitas, en los centros de
salud gubernamental. Ese es un mecanismo ya probado exitosamente, para
disminuir la pobreza extrema, claro está que se requiere que estén exentos
totalmente de corrupción institucional y clientelismo electoral.
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