Héctor Manuel Popoca Boone.
Es fuerte de espíritu
aquel que resiste incólume los embates contra la verdad. Nietzsche.
Cierto es que no toda la población electoral prefiere
razonar su voto. Acepta un sometimiento atávico, que le ofrece a cambio,
pequeñas ayudas materiales inmediatas; muy deseadas en tiempos de pandemia,
para paliar un poco la acentuada pobreza. Máxime en un estado pobre como el
nuestro.
La historia del mapacheo político señala que, una
parte de la población pobre, en tiempos electorales, prefiere otorgar su voto a
una opción que le resuelva un problema de dinero, si acaso para 15 días de sobrevivencia
familiar. El diario trajín por ganarse la vida, no les permite vislumbrar a
mediano plazo otra opción que les dé una mejoría en su calidad de vida.
Tampoco es posible exigirles, en lo inmediato, una mayor consciencia
ciudadana; que derive en una actuación con mayor soberanía individual. El nivel
educativo promedio que tenemos como población, no va más allá del segundo año de
secundaria; y eso es caldo de cultivo para ser domesticados por los
gobernantes, la partidocracia y sus politicastros.
De ahí que, buena parte de la población se mueva más por impulsos
monetarios y no reflexivos. No en balde, los emperadores romanos para tener
apaciguados a sus súbditos, les ofrecían espectáculos de “pan y circo”. La
misma táctica es usada en estos tiempos para cooptar el voto ciudadano; mediante
dadivas, engaños y mentiras, adornadas con collares de flor de cempaxúchitl.
Los “mercaderes de consciencias” ya empezaron su labor de inhibir el
soberano y libre albedrio en la toma de decisiones personales. Y si a eso, se
le añade, el amedrentamiento y la violencia ilícita organizada, agudizado queda
el problema para la libre autodeterminación individual.
A la democracia la distorsionan, a veces, aquellos quienes
por ella llegan al poder y pretenden seguir detentándolo más allá de lo legalmente
estipulado. Ya sea en forma directa, por interpósita persona o por la vía
hereditaria familiar que ya es frecuente observar.
La democracia es un sistema de vida social, que trasciende
el mero proceso electoral. Misma que siempre será perfectible, porque sempiternamente
es acosada por aviesas intenciones autoritarias. La práctica democrática está íntimamente
vinculada con la libertad humana. Esta última, es una aspiración histórica
permanente, en las luchas de la humanidad por su emancipación de sistemas
políticos dictatoriales de todo tipo.
La democracia, cuando la someten, más tarde o más temprano, resurge y se
hace valer con rebeldía liberadora inaudita; porque las capacidades productivas,
creativas y de progreso del individuo, están íntimamente ligadas a su libertad
de actuar y pensar, mientras no se vulnere la de terceros.
Nuestra actual democracia electoral, data de principios del
siglo pasado, bajo la consigna de “sufragio efectivo, no reelección”. Ha
sobrevivido, a jalones y estirones, gracias a que siempre han permanecido en nuestra
consciencia histórica, el millón de vidas de mexicanos sacrificadas, la
economía del país destrozada y de poco más de una década de ingobernabilidad nacional.
Dentro de esta endeble democracia, hemos transitado de gobiernos de
militares a los de naturaleza civil; de un partido hegemónico a la alternancia
de partidos en el poder, para culminar ahora en una partidocracia; cada vez más
mercantilizada, facciosa, convenenciera y divorciada del pueblo. Cuya
resultante son gobernantes sumamente condicionados a intereses particulares y,
por ende, limitados para servir al pueblo.
¡Salgamos a votar mañana!, los que no estemos en grado alto de
vulnerabilidad en materia de salud. La respuesta ciudadana ante la deprimente
actuación de la partidocracia no debe ser la abstención, sino el voto nada
despreciable de repudio y castigo que, en lo personal, será poner una X a lo
largo de toda la boleta electoral para gobernador; en las demás boletas, mi
libre determinación prevalecerá.
El integrismo de votar parejo, “4 x 4”, es de tufo anti democrático. Encajona
el voto con antelación, sin mayor opción. Recordemos que elegiremos personas
para gobernar, no partidos políticos. Tengamos presente (en nuestra memoria) la
bárbara existencia -y afortunada extinción- del partido nazi alemán y de otros partidos
totalitarios en todo el orbe, a lo largo del siglo XX.
PD1. En las pasadas
concentraciones y marchas electorales, ninguna autoridad gubernamental impidió
la violación generalizada de las medidas sanitarias legalmente establecidas.
¡Uf!
PD2. Un buen liderazgo
gubernamental determina la eficacia en el combate a la pandemia. En Guerrero,
el laxo semáforo verde seguirá dos semanas más; aun cuando la infestación y
mortandad están por arriba del promedio nacional. ¡Doble, Uf!
PD3. Definitivo, no hay
vocación de respeto a la legalidad en estas tierras sureñas, empezando por los tres
poderes y niveles de gobierno; por eso no existe mucha gobernabilidad, orden,
ni paz. Triple ¡Uf!
porelrescate@outlook.com
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