¿El PRI reciclado en
MORENA?
Héctor Manuel Popoca
Boone.
El presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), no puede
negar que algunas de sus raíces y genes ideológicos de carácter político, provienen
del PRI y de algunos gobernantes que emanaron de él. Testimonio de eso son: su
desempeño como delegado federal del Instituto Nacional Indigenista en Tabasco,
en la época del ex gobernador, Leandro Rovirosa Wade (1977); o cuando fue
presidente estatal del PRI en la época del ex gobernador, González Pedrero
(1983). De su paso y trabajo dentro del PRI, que en aquel entonces era el
partido hegemónico en el poder, aprendió mucho de cómo practicar buena política,
pero también de las malas artes que lo distinguían en su larga permanencia en
el poder presidencial durante más de 70 años.
Muchos de los que votamos por AMLO, en las pasadas elecciones
presidenciales, esperábamos que pusiera en práctica, en forma extensa, las
virtudes políticas priistas que las hubo. También suponíamos que iba alejarse
de los muchos vicios antidemocráticos y de obtención de privilegios económicos para
grupos de empresarios y políticos que el PRI aupó, ininterrumpidamente, a costa
del empobrecimiento de la mayoría del pueblo mexicano.
AMLO conquistó el poder presidencial por medio de una altísima votación
electoral ciudadana y a través del partido político que formó exprofeso:
Morena; a partir de desprendimientos importantes de dirigentes y militantes del
PRD. Pero en los cuatro años y medio que lleva en el mandato presidencial,
hemos contemplado, con decepción, que ha reciclado en su gobierno y en su
partido, muchas de las prácticas de mal gobierno (impunidad y corrupción, entre
otras), distintivas del otrora invencible PRI.
En esta posible semi trasmutación, sobresalen: la visión hegemónica y seudo
democrática del ejercicio del poder presidencial; en forma unipersonal,
vertical y centralista; que exsuda un pretendido caudillismo transexenal. No se
diga de la vieja práctica de cuño conservadurista de designar, para el proceso
electoral federal que se avecina, al candidato para presidente del país por
parte de Morena; para luego pretender mangonearlo, si es que triunfa. El famoso
“dedo” tricolor ha vuelto a resurgir en nuestra vida político-electoral
revestido de color guinda, en las ya afamadas “corcholatas” pre destapadas.
También están los viejos descarríos de mantener subordinados a los otros
dos poderes de la república: el legislativo y al judicial; así como detentar,
de facto, el liderazgo de Morena; ostentando a la vez, en forma institucional, la
investidura presidencial. Sin dejar de mencionar el grave proceso de una militarización
acentuada, en el ejercicio de un gobierno que, en su esencia y formalidad
constitucional, es de naturaleza civil.
Por otro lado y refiriéndome a nuestro sufrido estado, como Gobernador
Moral de Guerrero, me congratulo que se haya dado ya la información, en forma
pública, de la renuncia con carácter irrevocable, del ahora ex jefe de la
Oficina de la Gobernadora, Jesús E. Urióstegui García (conspicuo integrante del
“Gabinete de la Tómbola”), días antes de que asistiera en horario laboral, a un
acto público de campaña electoral de la candidata a la gubernatura del Estado
de México por Morena, Delfina Gómez Álvarez, en el municipio de Villa Guerrero,
Estado de México.
El no haberse dado a conocer su renuncia con la debida antelación, su
presencia pública y activa en el susodicho acto, difundida a nivel nacional por
el periódico “Reforma”, empezaba a causarle seria mella política a la imagen de
la gobernadora constitucional Evelyn Salgado. Cuestión que incluso ameritó una
expresión reprobatoria genérica por parte del presidente de la República.
Tal acontecimiento me hizo recordar la acción ilegítima e ilícita que hace
seis años hiciera el “gobernador del desastre financiero” (afamado también por
practicar la triquiñuela electoral), Héctor Astudillo Flores; al comisionar en
apoyo al PRI y a su candidato a la gubernatura del Estado de México, Alfredo
del Mazo, a un contingente de experimentados “mapaches electorales” priistas,
encabezados por el Coordinador General de Planeación del Estado y otros dos altos
funcionarios estatales para que, por varias semanas y avituallados con
suficientes recursos humanos y materiales del gobierno de Guerrero, coadyubaran
a que ganara el PRI, “a como diera lugar”, en el municipio mexiquense de
Huixquilucan.
Objetivo electoral que al gobernador en turno, HAF, le habían asignado los
jefes priistas nacionales de aquel entonces. Semanas después de conocer los
resultados favorables al candidato del PRI, el gobernador mexiquense saliente,
Eruviel Ávila, benefició al hijo mayor de HAF con la titularidad de la notaría
pública 193, en el municipio de Atizapán, Estado de México; por sus méritos en
la campaña electoral. Noticia que nunca fue desmentida. (Revista Proceso.
29/05/2017).
PD. ¡Aguas! Ahora HAF funge como uno de los tata-mandones del PRI-Guerrero
para las elecciones federales y estatales venideras.
porelrescate@hotmail.com
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