Héctor Manuel Popoca Boone.
Hoy más que nunca recuerdo una de mis lecturas
universitarias favoritas en materia de historia de la economía universal: el
memorable ensayo, “Monopoly Capital: An Essay on the American Economic and
Social Order. Montly Review Press. 1962), escrito por dos brillantes
economistas marxistas estadounidenses: Paul A. Baran (Universidad de Stanford) y John
Sweezy (Universidad de Harvard). A ellos se les debe el surgimiento de la Teoría
del Excedente Económico. Visualizo su actual vigencia, con las modalidades que
marca el tiempo transcurrido y los hechos sucedidos, en cualquiera de las
modalidades capitalistas operantes en las economías del mundo. Una de las tesis
principales es la que dice: el desarrollo de unos cuantos países es la razón de
ser del subdesarrollo de otras muchas naciones.
En otras palabras: el poder económico acumulado de algunos
países se debe a la expoliación económica histórica, que hicieron de otras muchas
naciones. Tal parece que, el “Orate del norte”, Donal Trump, tiene como
consigna básica en su renovada actuación convertirse en un todopoderoso árbitro
y juez mundial; arropado en su investidura de presidente de EUA y añorando un imperialismo
capitalista explotador ya trasnochado.
Él quiere establecer, al margen y en flagrante
violación de cualquier tratado, acuerdo u organismo internacional, el esquema
de un sistema capitalista oligárquico, autoritario, rapaz, coercitivo, de sometimiento
y subordinación mundial; siendo sus pivotes: la automatización, la robótica y la
cibernética en materia tecnológica, el poderío de su industria militar, el gran
capital financiero, la sustitución de importaciones vía aranceles, reducción
del gasto público social y una política económica
proteccionista para su producción manufacturera interna. Los siguientes cuatro
años, sostendrá la amenaza permanente del yugo que impone el poder destructor de
las armas militares en última instancia; más allá de la imposición unilateral
de aranceles que hace añicos el libre mercado internacional.
Mientras tanto, México dirigido por la presidenta de
la República, Claudia Sheinbaum Prado, trata de cumplir con las mejoras en los
temas álgidos de migración indocumentada, narco tráfico y cese a la impunidad
de las organizadas bandas delincuenciales mexicanas en los plazos establecidos.
Trump y su gabinete presidencial de facinerosos ¡no
han hecho nada! por cumplir sus correspondientes compromisos verbales de
combatir más eficazmente la distribución y el consumo al menudeo del fentanilo
y otras drogas sintéticas o naturales en los mercados clandestinos en las
principales ciudades de EUA. Estupefacientes que anualmente han causado poco
más de una centena de miles de fallecimientos de ciudadanos estadounidenses por
sobredosis; convirtiéndose en un fuerte problema de salud pública interna. (Recomiendo
ver en You Tube el documental: “El Lado Oscuro de Filadelfia; la peor
ciudad de América.”)
Tampoco han hecho algo, en el tiempo del impasse
pactado oralmente, sobre la disminución en sus armerías de ventas de armas
de alto poder a los cárteles de México; las que también han causado a lo largo
de los años gran mortandad de mexicanos por violencia homicida. (Recomiendo ver
en You Tube, el documental: “Origen de las armas del narco…”).
Con otros decires amenazantes de tipo territorial y
marítimo, acciones de espionaje acosadoras y los decretos presidenciales sobre
los aranceles al acero y al aluminio a otros países además del nuestro, me
llevan a la conclusión que Trump no cumplirá con ninguno de sus compromisos
acordados verbalmente con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Hará lo que él quiera que se haga, en el lugar y el momento
que él indique. Trump está ratificando, en todo momento y circunstancia, su
propensión a poseer unilateralmente y bajo su dominio el control, subyugación y
sumisión de buena parte de los habitantes de este planeta.
A los países agredidos por Trump y los subsecuentes,
no nos queda de otra más que coordinarnos para la resiliencia prolongada y resistir
y mostrar férrea oposición activa de manera unitaria, cual si fuéramos una sola
victima mundial. Usando todas las instituciones internacionales de mediación y
de solución pacífica de conflictos para el progreso de la humanidad. Utilizando
también todos los medios de comunicación masiva de alcance nacional,
continental y transcontinental.
Todo lo anterior, sin menoscabo de seguir mejorando
nuestras democracias nacionales, fortaleciendo nuestra economía al volverla menos
dependiente y subordinada. Propugnando en todo momento el beneficio y la
cohesión social; y exigiéndonos la rectitud y honestidad de nuestros gobernantes
y equipos de trabajo. No debemos relegar, de nueva cuenta, nuestras propias responsabilidades
internas y ya no seguirle dando “rienda suelta” a los vivales, truhanes y
engañabobos de siempre localizados en la política, en el sector empresarial, obrero
y campesino, así como en algunas organizaciones civiles, que han medrado desde
siempre sobre las espaldas de la mayoría del pueblo mexicano.
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