Héctor Manuel
Popoca Boone.
En el caso de
la privatización del petróleo mexicano que pretende el PRI y el PAN a favor de
inversionistas particulares, decíamos que a las empresas transnacionales no les
interesa tener la propiedad de Pemex, sino la mayoría de los ingresos petroleros
que se obtienen de los yacimientos nacionales. Necesitan que se les concesionen
para poder invertir con certidumbre y tener garantías jurídicas para conseguir
empréstitos internacionales. Aspectos que nuestras actuales leyes constitucionales
lo impiden.
Hagamos otro
símil, ahora frutal. No les interesa tener en propiedad el árbol de naranjas
sino el derecho a bajarlas y quedarse con la mayoría de ellas, para después
revendérnoslas como jugo a tres veces más el precio en su estado natural.
Algo así
quieren hacer con nuestro petróleo: participar en su extracción para su venta
en el mercado mundial como petróleo crudo y quedarse con la mayor parte de las ganancias.
Pero además, revenderlo en productos transformados, mediante sus industrias
petroquímicas, a diez veces más su valor original. ¡Negocio redondo! ¡Es como
si quisiéramos vender nuestras maderas preciosas como leña! (Heberto Castillo,
dijo).
El principio
básico de los corporativos petroleros extranjeros es llevarse la mayor cantidad
de petróleo mexicano en el menor tiempo posible. A medida que pasa el tiempo,
el petróleo y el gas existente en el mundo disminuye aceleradamente por el gran
consumo que de ellos hacemos y no hay todavía energético alguno, en cantidad
suficiente, para sustituirlo en el corto plazo: llámese éste nuclear (que
encuentra seria resistencia, basta recordar los desastres habidos en Rusia y
Japón), solar, eólica, geotérmica o bioenergética; todas están en proceso de
desarrollo, investigación y por lo mismo su tecnología de producción es
limitada y costosa por unidad de producto obtenido.
El petróleo
sigue siendo un energético estratégico y vital para el desarrollo de nuestra
civilización. Vale más si es transformado en gasolina, diesel o productos
petroquímicos. País que lo tenga y lo aproveche, podrá vivir con soberanía y
libertad nacional. Quien no lo posea, el sometimiento por dependencia su futuro
será.
Pero el PRI y
el PAN no aceptan argumentos razonables, porque obedecen a intereses rentables
del gran capital y el dinero no tiene patria. A esos políticos y gobernantes tenemos
que hacerlos entender que su empeño de convertirse en vende-patrias no lo
comparte la mayoría del pueblo mexicano. En su tiempo, lo intentó el presidente
panista Felipe Calderón. No pudo porque enfrentó un firme rechazo y repudio
popular.
Todavía no se
aprueba la iniciativa gubernamental del PRI-PAN en el Congreso de la Unión para
legalizar el saqueo petrolero cuando ya el diario oficial de la federación del
pasado 30 de julio da a conocer la desincorporación (léase privatización) del ¡48
por ciento! de los activos físicos del complejo petroquímico “Pajaritos”
localizado en el municipio de Coatzacoalcos, Veracruz; a favor de la empresa
particular “Mexichem”, propiedad, entre otros, del ex banquero Antonio del
Valle Ruiz que detentará el ¡58.5 por ciento! del capital accionario; perdiendo
Pemex el control de dicho complejo.
De nueva
cuenta la movilización ciudadana y la fuerza legítima que suscite en las calles
y en las parcelas hará valer nuestras patrióticas razones e impedirá este
despojo nacional que pretenden hacer los políticos y gobernantes dogmáticos del
neoliberalismo que controlan el Congreso de la Unión en donde aprobarán las
respectivas modificaciones constitucionales en el marco de la reforma
energética.
PD1. El lugar más oscuro del infierno está reservado para aquellos
que mantienen su neutralidad en los tiempos de crisis moral. Dante Alighieri
PD2. Mientras
Guerrero es lacerado por la inseguridad pública y la pobreza galopante, los políticos
del PRD se enfrascan en sus disputas internas y mezquinas por el poder. ¡Con
razón el pueblo y las bases militantes no aguantan más a los líderes tribales bloqueados
en su propia miopía!
h.popoca.b@gmail.com
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