Héctor Manuel Popoca Boone.
Hagan de cuenta que me dieron la
responsabilidad de administrar una empresa y a lo largo del tiempo…, la arruiné
y ahora no asumo tal incompetencia, ni rindo cuentas de mi pésima gestión. Es
más, sigo operándola con números rojos.
Las causas por las que la llevé a la
quiebra fueron, en primer lugar, sangrarla económicamente. Los sueldos que me
auto-otorgué y los de mis directores fueron estratosféricos; realizando también
gastos superfluos y multimillonarios. Terminé siendo muy rico y la empresa muy pobre.
Consentí demasiado a los dirigentes
laborales; estimulando la práctica de un sindicalismo perverso. Atendieron
exclusivamente sus intereses económicos personales, trabajando lo menos posible
e importándoles un bledo la empresa. Dichas “conquistas laborales” trajeron
como consecuencia una baja productividad por hombre ocupado y producto
terminado: cuatro veces menos que similares empresas.
Otro germen fue la incorrecta aplicación
de los ingresos obtenidos. Al dedicarlos a otra cosa no productiva. Totalmente la
descapitalicé. Provocando su deterioro paulatino y su obsolescencia tecnológica.
Quedando sus estándares de producción muy por debajo de otras empresas de su
tipo. Cancelaba, de esta forma, la capacidad de reinversión, innovación y expansión
de la misma.
En contubernio con el sindicato, también
la esquilmamos al auto otorgarnos, a través de prestanombres, contratos de obra
o servicios a precios exorbitantes. Prevalecía la mala calidad y el alto costo
por no estar sujetos a auditoría alguna. Mi descuido y desidia intencionada, recurrentemente
ocasionaban desperfectos, incendios o robos provocadores de fuertes daños a las
instalaciones. Fui gerente y ladrón a la vez.
A pesar de la gran demanda y
rentabilidad de productos refinados que podía ofrecer la empresa, únicamente la
dediqué a producir materias primas y me negué siempre a procesarlos para darles
mayor valor agregado. Evité con ello la necesaria rentabilidad y diversificación
que exige el participar en una economía globalizada.
Fue tal la magnitud de las pérdidas y el
desastre económico ocasionado, que recurrí a préstamos y financiamientos
onerosos, así como a la sub-contratación de otras empresas para proporcionar
los servicios y mercancías que me correspondía ofrecer. Además, dejé morir de
inanición presupuestal al área de investigación tecnológica que le daba a la
empresa competitividad y calidad.
En pocas palabras, he administrado la
empresa de la peor forma posible, dejándola endeudada, ineficiente, obsoleta, descapitalizada,
burocratizada, poco competitiva, con muchas fugas y robos en todas sus áreas,
vendiendo productos primarios sin transformarlos. ¡Pues eso fue lo que hicieron
de Pemex los gobiernos del PRI y del PAN desde la época del presidente López
Portillo!
Ahora, cínicamente, nos proponen que
hagamos partícipe de nuestro petróleo a corporativos privados extranjeros sin
avergonzarse un ápice los políticos en el poder de ser la causa del hundimiento
de nuestra industria petrolera. El dilema es enderezarla y limpiarla de la
corrupción o concesionarla al mejor postor. Yo estoy por lo primero.
PD1. Junto con su par de la Gran
Bretaña, la CIA ha reconocido públicamente su participación, en el
derrocamiento del primer ministro de Irán, Mohammed Mossadegh, por defender, en
1953, el petróleo nacionalizado de su país. Ahora, en Wall Street, los grandes
corporativos petroleros están de plácemes con la intentona de
desnacionalización del petróleo mexicano de Enrique Peña Nieto.
¿Coincidencias casuales o causales?
PD2. Si queremos seguir teniendo
viabilidad como país, los yacimientos petroleros de México deben de seguir
siendo explorados y explotados exclusivamente por la nación y nada más por la
nación. Lo demás son engaños y patrañas de los fundamentalistas neoliberales.
¡La Patria es primero y no se vende!, diría Vicente Guerrero.
PD3. ¡La cosa está de locos! La CNDH
recomendó medidas cautelares a favor de los empresarios de Chilpancingo por
hostigamientos que reciben a la vez de la delincuencia organizada y del
gobierno estatal.
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