Héctor Manuel Popoca Boone.
Los gobernadores son la máxima autoridad sanitaria en sus respectivos
estados. (Hugo Pérez-Gatell)
Tomar consciencia ciudadana es,
entre otras cosas, percatarse de la realidad circundante, para estar en
capacidad de intervenir en ella; haciendo discernimientos para encontrar lo
esencial de las personas, cosas y sucesos que acontecen en la colectividad civil.
Es deliberar y dialogar, para tomar una posición autonómica al elegir y decidir
realizar una acción (s) y poner manos a la obra; esto es, incidir activamente
en la realidad para fortalecerla, cambiarla o transformarla, en función de lo
armónica o no que sea con lo imaginado.
Tomar consciencia es evaluar una circunstancia a partir de paradigmas
personales; moldeados a lo largo del tiempo, en el crisol de vivencias y
experiencias tenidas; sumando los conocimientos y sabidurías acumuladas en la
cultura amplia de la humanidad. Por tanto, uno no nace con consciencia
ciudadana; ésta se hace, en el devenir de nuestra vida. Sin consciencia, no hay
participación ni acción trascendental. Siempre habrá el intento o el hecho de un
control externo, que nos reduciría a la calidad de autómatas.
La consciencia y los propósitos que de ella se derivan, están en tres
núcleos axiológicos que son: los ideales, los principios y los valores. Ellos son
los espejos que reflejan qué tan distantes estamos del objetivo último de
lograr una vida plena y justa; con armonía, fraternidad y felicidad social,
entre otros estadios. Esta trilogía ha sido la guía normativa de nuestras
creencias y comportamientos a lo largo de nuestra vida y la de los demás. Desde
que la humanidad es una humanidad consciente, los paradigmas sociales otorgan
su impronta, con diferentes modalidades, a todas las civilizaciones del planeta.
Reseñemos sucintamente la primera. Los ideales son el principal motivo de
la puesta en movimiento de la humanidad en pro de diversas finalidades. Son las
convicciones de lo más deseable que debiera poseer el ser humano, en la
conquista perenne de una permanente armonía planetaria; como parte integrante
de un todo universal. Algunos de estos ideales son, entre otros: La noción de vida,
justicia, igualdad, equidad, libertad, paz, humanismo, fraternidad, dignidad...
Hoy, la verdad es que no hemos tenido la suficiente consciencia y
participación ciudadana para enfrentar con mayor eficiencia y eficacia los
embates mortales de la pandemia. Nuestros endebles ideales se han visto opacados
y disminuidos. Peor aún, algunos son enarbolados de dientes para afuera, como
parte de nuestra desnudez moral.
“Es que la gente no entiende, es necia y reacia” en acatar las medidas
sanitarias indicadas, dicen algunos. La contra respuesta subconsciente genérica
es: “la vida no vale nada” “El virus no existe, es un invento del gobierno y de
los poderosos”. Lo cierto es que buena parte de las personas salen a encontrarse
con el virus, por tener que llevar sustento diario a su familia. Eso nos indica
que hay falta de justicia social y equidad económica. Hay manipulación política
para culpar al otro de lo que nos pasa. El egoísmo individual se abre paso para
reducir a su mínima expresión el ya de por sí escaso humanismo y fraternidad.
La delincuencia provocada por la caída de empleos, atenta contra la paz
anhelada y la aleja. El no respeto y la rebeldía, dan señal de una irritación
social in crescendo.
La falta de simetría en el trato humano es acompañada por la discriminación
y estigmatización social. Resaltan los privilegios de unos cuantos y la falta
de vigencia de los derechos humanos de muchos. Empieza la obstrucción de la expresión
discrepante y empieza la predominancia de la heteronomía, que conlleva control
de las masas. Hay oposición, consciente o inconsciente, a la convivencia
comunitaria. Es carcomida la empatía y, por ende, el amor a nuestro prójimo,
como a nosotros mismos. La crisis suscitada puede dar cauce hacia la dureza. La
ética la hemos remitido al cesto de lo prescindible. (continuará).
PD1. El Covid-19 sigue activo; lo único que cambió es que nos dieron
permiso para salir a buscarlo. (Celia Delgado)
PD2. Hará 10 años de la sentencia de Corte Interamericana de los Derechos
Humanos en contra del Estado Mexicano, por las violaciones tumultuarias
sufridas por dos mujeres indígenas del municipio de Ayutla. La sentencia no
está cumplida del todo; debido a la soberbia y capricho del Gobernador y de su
“maestro incómodo”. ¡Uf!
PD3. Hay un posible pacto en lo oscurito, entre AMLO y
Astudillo, para la sucesión gubernamental de Guerrero, a favor del corrupto e
inepto, Amílcar Sandoval Ballesteros. Sagazmente el gobernador tendrá un pie en
el PRI y otro en Morena. Al tiempo.
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