Héctor manuel Popoca Boone.
El presidente de la
República, Benito Juárez (BJ), deseaba reelegirse por cuarta ocasión
consecutiva en las elecciones de 1871. Derrotado que fue el efímero y postizo
emperador Maximiliano de Habsburgo, junto con el ejército conservador mexicano
(Miramón y Mejía) y la salida del ejército francés del territorio nacional, BJ no
tenía mayor oposición política para su pretensión más la que pudiera surgir de
militantes de su propio partido político: El Liberal.
Pero el sagaz presidente
BJ; sabiendo que su cuarta pretensión de mantenerse en el Poder Ejecutivo iba a
generar resistencia y desapego de una parte de sus simpatizantes civiles y
militares, trabajaba de tiempo atrás, para tener el control político de los
otros dos poderes de la República (el Legislativo y el Judicial) al corromper el
mayor número posible de sus integrantes, en el contexto de un ejercicio
premeditado de compra de simpatías, conciencias, apoyos políticos y votos,
tanto populares como de legisladores y nombramientos de diputados, gobernadores
y magistrados ad hoc. Disponía del presupuesto público y de las
facultades presidenciales para otorgar favores políticos y concesiones
económicas. “Fue la más turbia de sus victorias, había maniobrado junto con la
Cámara para reformar el sistema electoral en provecho de su candidatura y había
favorecido una serie de prácticas electorales que viciarían el sufragio
efectivo y secreto” (Enrique Kraus, dixit).
De tal suerte que como aspiracionistas
presidenciales, pronto manifestaron su querencia otros ilustres políticos y
batalladores liberales; destacando las pretensiones de Porfirio Díaz y de
Sebastián Lerdo de Tejada. En los comicios del año de 1871, ninguno de los tres
obtuvo el mínimo de votos que la Constitución de 1857 exigía -que era la mitad más
uno de la totalidad de los sufragios emitidos-, para poder declararlo
triunfador. Por lo que tocaba a la Cámara de Diputados designar a uno de los
dos finalistas que obtuvieron el mayor número de votos y como, previamente, BJ ya
había “maiceado” a buena parte de los diputados liberales y no tan liberales
resultó designado, una vez más, como Titular del Poder Ejecutivo para el
período 1871-1874.
La inconformidad política y social por las formas desaseadas que usó para obtener el triunfo electoral creció y se encarnó en Porfirio Díaz, (Lerdo de Tejada decidió regresar mejor a su puesto de presidente de la Suprema Corte de Justicia) y se levantó en armas el 8 de noviembre 1871, desde su hacienda de la Noria, en Oaxaca. Ahí lanzó el Plan de la Noria. “En éste, desconocía a Juárez y hacía un llamado a levantarse en su contra bajo el lema “menos gobierno y más libertades”. Ponía en entredicho “la reelección indefinida, forzosa y violenta del Ejecutivo Federal”, pues ponía en peligro las instituciones nacionales. Se acusaba a los diputados y a los miembros de la Suprema Corte de Justicia de estar sometidos a la voluntad presidencial. Similar crítica, recibían los gobiernos estatales, advirtiendo que la soberanía, la ley y la voluntad popular habían sido sacrificadas al poder personal de Juárez. (Armando Fuentes Aguirre, dixit). No prosperó la rebelión armada y Porfirio Díaz tuvo que salir prácticamente exiliado del país.
La muerte inesperada,
provocada por angina de pecho, atrapó sin escape, el 17 de julio de 1872 a
Benito Juárez; siendo nombrado mandatario sustituto, Sebastián Lerdo de Tejada
(SLT) que en ese entonces era el Titular de la Suprema Corte de Justicia, tal y
como lo preveía el articulado constitucional de 1857. Una vez en su nueva y alta
responsabilidad, SLT, conocedor de las malas y corruptas artes de la democracia
mercantilizada, que practicaba su antecesor, en el marco de la república
restaurada, pero que seguía estando convulsionada por bandolerías en muchas
regiones del país, SLT preparó el terreno propicio para que su candidatura
electoral figurara para el mandato presidencial constitucional para el período
1872 -1876. Que por supuesto, ganó.
Siguiendo la escuela
política de BJ, Lerdo de Tejada quiso reelegirse al terminar su mandato
presidencial; provocando una fuerte oleada de oposición en varios estados de la
república. Entonces, “el 1 de enero de 1876, Don Porfirio Díaz, emitió otro
plan: el de Tuxtepec, donde rechazaba la reelección y postulaba que el voto del
pueblo y no la voluntad de una camarilla en el poder, debería decidir el
destino de la nación. Ironías de la historia: don Porfirio se lanzaba de nuevo
a la rebelión armada con la misma bandera que luego levantaría contra él, don
Francisco I. Madero, 30 años después con el lema: “Sufragio Efectivo y la No
Reelección”.
Corolario: La historia
nacional nos enseña que todo aquel gobernante que pretende prolongar más del
período legal permitido su mandato por motu propio o por interpósita persona,
causa a la larga, suma inestabilidad política y violencia generalizada, a
nuestro ya de por si lacerado país.
*Artículo elaborado de la
lectura de los libros: “Siglo de Caudillos” Editorial: TusQuets. (Enrique
Krause) y “La Otra Historia de México” Editorial: Diana. (Armando Fuentes
Aguirre).
porelrescate@hotmail.com
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