Héctor Manuel Popoca Boone
La frase que da título al presente texto fue dicha por
el principal e indiscutible dirigente político nacional del movimiento de La
Cuarta Transformación (4T) y su partido político electoral, Morena: Andrés M.
López Obrador (AMLO), con motivo de la extinción reciente del Partido de la
Revolución Democrática (PRD). No le falto razón a su preocupada reflexión, por
las circunstancias y experiencias de carácter político que ha tenido en su vida
personal.
Génesis similar fue la que tuvieron Morena (en pleno auge)
y el extinto PRD. Éste último debe su existencia al desprendimiento de una
corriente política democrática del PRI encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas
Solorzano y Porfirio Muñoz Ledo, en conjunción con otros partidos de izquierda,
organizaciones sociales y actores cívicos de todo el país en el año de 1989.
Por su parte, Morena nace formalmente en el año 2014,
a partir de desprendimiento de AMLO y sus seguidores del PRD, junto con la suma
de otros grupos políticos y personajes cívicos que tenían propósitos muy
semejantes a los de López Obrador.
Por tanto, el PRD como Morena, tuvieron una cimentación
inicial de tipo confederativo de varias agrupaciones y personajes políticos
ideológicamente ubicados en el centro-izquierda del tradicional espectro ideológico
político nacional, con miras a conquistar el poder presidencial por la vía
electoral, para pugnar por disminuir la desigualdad social, fortalecer la
democracia y la alternancia en el poder, así como la soberanía nacional, sin
pretender cambiar la estructura económica en que se sustenta nuestra nación
hasta la fecha: un modelo económico capitalista, con tinte social y con
rectoría del Estado mexicano.
Este nacimiento nuclear heterogéneo del PRD y de
Morena, conllevó desde sus inicios y por su propia naturaleza de praxis
política, a procesos internos de contradicciones y confrontaciones grupales que,
en el caso del PRD, no pudieron solucionarse o darles un cauce partidario adecuado
que fortaleciera un mayor espíritu unitario.
De ahí el origen de las “tribus políticas”, las cuales
luchaban entre sí para obtener el predominio dentro del partido y, por tanto,
la posibilidad de conseguir para sus miembros tribales, un mayor número de
puestos de representación popular (legisladores, federales y locales) y
gobernantes (estatales y municipales). Sobra decir que en este cometido se
fueron alejando de la observancia de los preceptos y modos de actuación
política contenidos en sus documentos básicos respectivos.
Lo doloroso de esta zaga del PRD fueron los cientos de
militantes y simpatizantes que ofrendaron su vida en la defensa de ese partido
frente a los ilícitos embates que sufrió a lo largo de su existencia en tiempos
aciagos. Sus errores de dirección y desviaciones organizativas, así como los
malos gobiernos que presidieron, provocaron pérdida de adeptos y votos
electorales que reflejaban una creciente pérdida de credibilidad por la
ciudadanía electoral. En contraste, buena parte de sus conspicuos dirigentes
nacionales y estatales se enriquecieron y aburguesaron, hoy gozan de los logros
económicos obtenidos ilegítimamente. ¡Uf!
En la actualidad Morena va por el mismo camino transitado
por el PRD. A pasos acelerados en algunos estados de la República, donde el
asunto “narco” los atraviesa. La sugerencia obligada a decir es: “Cuando veas
las barbas de tu vecino rasurar, pon las tuyas a remojar”. Por ejemplo, en
Guerrero, Morena se distingue por ser un partido descabezado, infiltrado por
los “chicos organizados” en tiempos electorales y cuya dirigencia no tiene la
suficiente autoridad moral para mantenerlo y engrandecerlo políticamente
hablando.
Además, sus dirigentes principales y gobernantes,
estatal y municipales, se la pasan trabados de la greña, con lo que contribuyen
a que tengamos una gobernabilidad fallida o de plano perdida, verbigracia, la derrota
de Morena del gobierno de Chilpancingo, municipio y ciudad capital del estado. O
ratifican o se extinguen; máxime que ya no estará AMLO como factótum
para insuflar suficiente cohesión interna.
PD. Respecto a los 43 normalistas de Ayotzinapa,
desaparecidos forzadamente hace 10 años en Iguala es un hecho claro y
contundente donde el presidente de la República, AMLO, al igual que su
antecesor, Enrique Peña Nieto, se doblegaron ante los designios particulares de
las fuerzas armadas. Las investigaciones institucionales a la fecha, han sido
engañosas y truncas, bajo el manto de impunidad a la milicia nacional. ¿En
verdad será sana la extensa militarización de la vida en México generada por
Morena en este sexenio que está a punto de terminar?
porelrescate@outlook.com
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