Héctor Manuel Popoca Boone.
El ser humano es el único animal que tropieza con la
misma piedra, pero su segunda caída es más grave aún. ¡Prevenir es bien gobernar!
El Estado de Guerrero por su ubicación geográfica y por sus
malos gobiernos tenidos en general, es tierra de riesgos humanos y de desastres
naturales; ya sean sísmicos, hídricos, eólicos, marinos, devastaciones
forestales, deslaves de suelos y desgajamiento de cerros, desbordamiento de
ríos, entre otros. No solo los estragos naturales sino las numerosas pérdidas
humanas y materiales acumuladas, muchas evitables, a lo largo de tantos percances.
Pero lo triste es que no tenemos memoria histórica.
Aún no hemos aprendido a mantener vigentes políticas
gubernamentales y sociales efectivas de prevención, amortiguación, resguardo, dotación
de auxilios y reparaciones colectivas de carácter civil como otras naciones poseen
con plena vigencia.
El reciente huracán John, engarzado con depresiones tropicales
adyacentes, intensificó las lluvias e inundaciones en
las zonas ya afectadas irradiándolas; cuestión que ha tenido un fuerte
impacto destructivo y devastador en casi todas las regiones y pueblos de este
territorio sureño. De los daños y pérdidas humanas y materiales todavía no se
tiene datos completos, pero de lo que se sabe, son numerosas y algunas de ellas
de gran magnitud; sobre todo en zonas pobladas por las familias más pobres,
tanto del medio urbano como del rural.
La infraestructura de comunicaciones de todo tipo ha quedado
muy deteriorada o destruida; contándose pueblos enteros que permanecen incomunicados
con fuertes carencias sus habitantes de los mínimos indispensable para sobrevivir.
En general, desbordables son todos los ríos de Costa Grande
y Chica que desembocan al océano pacífico provenientes de la Sierra y la
Montaña. También son memorables los del río Jale que atraviesa Tlapa y otros
muchos más en la región de la Montaña. El río “Huacapa” en la gran cañada de
Chilpancingo, fue convertido por el hombre en el gran canal de desagüe de aguas
negras urbanas y popularmente es llamado río “Huacaca”. En Tierra Caliente,
todo el río Balsas y sus principales afluentes son afectados por esos fenómenos
meteorológicos.
No es que no se hayan tenido conocimientos técnicos para
realizar los desarrollos urbanos de manera planificada; evitando al máximo los
riesgos posibles. Dan cuenta de eso los diversos Atlas de Riesgo elaborados
para determinados municipios y territorios, circunstancias y lapsos; lo mismo
pasa con los planes directores de desarrollo urbano y usos del suelo de las
principales ciudades que, en su mayor parte, durmieron el sueño del olvido y
del abandono para dar paso al lucro y a la especulación de fraccionadores y
empresas inmobiliarias inescrupulosas a partir de las necesidades que impone el
crecimiento natural de los pueblos y con la anuencia de los gobernantes en
turno.
Dichos documentos rectores se “observan, pero no se cumplen”,
mucho menos se sancionan a los infractores y aplican las debidas
responsabilidades por parte de las autoridades; omisas algunas y en contubernio
otras en esos delitos con empresarios inmobiliarios deshonestos. Ellos forman
parte de nuestro “Sistema Estatal de Corrupción e Impunidad. S.A. de C.V.” De
ahí el desarrollo anárquico y fuera de control de nuestros asentamientos
urbanos y semi urbanos.
Con el huracán John de nueva cuenta nos enfrentamos a la
escasez presupuestal previsora, a la corrupción, a la simulación; a la urgencia
social que clama atención inmediata, en comestibles, agua, salud, vivienda,
seguridad, ropa y trabajo, entre otros. Pero también y de nueva cuenta, estamos
presenciando la solidaridad humana desinteresada, la organización civil ante la
orfandad de apoyo gubernamental, la cooperación y ayuda de mutuo apoyo fraterna
de tipo vecinal. No cabe duda, Guerrero tiene mucho pueblo sufrido y lacerado,
pero que no se arredra, saca casta y resiliencia. Bien vale apostarle a la
organización civil autonómica, consciente y no atenernos a la eterna y parasitaria
casta política y de gobernantes nefastos por ineptos y corruptos.
Fue un error del sexenio pasado desmantelar la instancia
federal que coordinaba a nivel nacional el auxilio requerido para desastres
naturales y de haber eliminado la partida presupuestal federal anual prevista
para estos aconteceres (Secretaría de Gobernación y el Fondo Nacional de
Desastres Naturales (FONDEN). Visto está, que muchos daños ocasionados por
desastres climatológicos y sísmicos rebasan los límites municipales, pero
absurdamente hay un decreto presidencial de AMLO que indica que son los ayuntamientos
de la República los que primero deben dar la cara, como primera autoridad, para
atender a las poblaciones afectadas; no siendo que es el nivel de gobierno de
la República que menos recursos humanos y erario tienen para tal cometido. ¡Uf!
PD. ¡El 2 de octubre, no se olvida!
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