Héctor Manuel Popoca Boone.
Cuando era secretario de
Desarrollo Rural en el Gobierno de Guerrero (2005), cierto día en Chilpancingo
me pidió una audiencia una profesora de español, residente del Condado de
Búfalo, en el Estado de Wisconsin, EU. Fue a buscarme porque en Cuernavaca,
Morelos, le indicaron que yo podía ayudarla para hacer algo por los trabajadores
mexicanos indígenas indocumentados que laboraban en diversas granjas lecheras
de esa región de Wisconsin y de Minnesota. Le pregunté si había guerrerenses
por aquellos lugares. Me contestó que no. La mayoría era de la sierra de Zongolica,
Veracruz. En ese momento le dije que no podía ayudarla porque mi ámbito de
responsabilidad laboral oficial era solo el territorio de Guerrero y sus
ciudadanos.
No obstante, mi respuesta negativa, tuvo la gentileza
de invitarme a ir a Wisconsin a visitar algunas granjas y asistir a la feria
mundial de la leche que anualmente se efectuaba en esa entidad de EU. Me dijo
que ahí pudiera apreciar algunas cosas interesantes para implementarlas en
Guerrero. Me mostré escéptico al hacerle saber que el nivel tecnológico del
manejo de un establo en nuestras tierras era muy rústico en comparación al
grado de mecanización y automatización con las que operaban las granjas
lecheras en su país. Me convenció de ir al indicarme que los granjeros
soportarían mis gastos de estancia y alimentación.
He recordado esos viejos
tiempos debido a las circunstancias tenebrosas actuales. En aquel entonces, trabajamos
conjuntamente con granjeros norteamericanos blancos en un inolvidable proyecto
de certificación de habilidades laborales a mexicanos indocumentados indígenas,
que laboraban en las granjas lecheras de Wisconsin, en el Medio Oeste de EU.
Fue una experiencia vital y profesional inolvidable, al ser testigo y actor de
esos sucesos.
Visité varios
establecimientos lecheros y asistí a la feria en cuestión. Sobre todo, platiqué
con los paisanos indígenas de Zongolica que trabajaban y vivían en las granjas;
haciendo labores de limpieza de establos, elaboración de alimentos balanceados,
manejo de la ordeña mecanizada, baño y revisión cuidadosa del hato para
prevenir cualquier infección, lesión o contaminación, llevar el registro de
producción y productividad, así como del empaque inicial de la leche ordeñada
en tinajas para su inmediato traslado a las fábricas de pasteurización y
elaboración de quesos, establecidas estratégicamente en la región.
Constaté que las y los
mexicanos indocumentados indígenas eran muy diestros trabajadores prácticos en el
manejo de los establos automatizados visitados. Al preguntarles a los paisanos
veracruzanos la razón del porque pasaban todo el tiempo al interior de las
granjas viviendo en “auto-campers”, me indicaron que era por precaución de no
andar por las calles de la ciudades cercanas y toparse con alguna patrulla de
migración, que de inmediato los capturaban exigiéndoles sus papeles. Al no
tenerlos, los remitían al recinto de concentración de indocumentados más
cercano de la policía migratoria, para su posterior traslado hacia la frontera
con México.
Con el conocimiento en
vivo de sus habilidades laborales, platiqué después con la profesora, Shaun
Duvall, le comenté que sí podíamos hacer algo por ellos: le propuse que
acudiéramos a centros de preparación técnica agropecuaria de la comarca, de tal
suerte que, con el visto bueno de sus empleadores, y, con previos cotejos
prácticos a que se sujetarían los laborantes, bien pudieran acceder a una
certificación como técnicos pecuarios en la especialidad de manejo de establos
estabulados lecheros bovinos.
Ante tal sugerencia, de
inmediato me concertó una reunión con los directivos de la facultad de ciencias
agropecuarias del campus de la Universidad de Wisconsin-Madison, quienes me
recibieron en forma cordial y después de exponerles mi planteamiento, me
dijeron que en lo personal estarían dispuestos a participar, pero no podían
expedir ningún documento de certificación ya que, por ser indocumentados los
trabajadores, legalmente no tenían “existencia jurídica” en EU que respaldara la
certificación solicitada. (Continuará).
PD1. Ha transcurrido más
de un año y la Secretaría General de Gobierno de Guerrero continúa acéfala y la
ingobernabilidad estatal está a todo galope extendida por doquier. ¡Uf!
PD2. El Gobierno del
estado publicita a los campesinos que usen “tractor” para reintegrar los
esquilmos agrícolas tratados a la parcela agrícola y así minimizar los
incendios forestales. Los 800 tractores ejidales, promesa de campaña incumplida
por la gobernadora estatal y su “papá incómodo”, quedó en pura palabrería, como
tantas otras cosas en lo que va del presente sexenio estatal. ¡Doble uf!
porelrescate@outlook.com
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