viernes, 29 de agosto de 2025

La reforma electoral que viene.

 

Héctor Manuel Popoca Boone

¿Quiénes son los autores intelectuales y materiales del artero asesinato de Marco Antonio Suastegui Muñoz? El pueblo está esperando una pronta respuesta de las autoridades.

Interesante de suyo son las elecciones democráticas de gobernantes en México. Los actuales sistemas electorales: federal y sub-nacionales serán actualizados. No obstante que el actual Instituto Nacional Electoral posibilitó “por las duras o las maduras” la alternancia política en los poderes establecidos; así como las diversas composiciones de las mayorías parlamentarias. Todo, sin mayor derramamiento de sangre. Eso, en América Latina, representa un gran avance en materia de estabilidad política-gubernamental en los países que, por medios pacíficos electivos, la buscan y procuran. Esta importante cuestión no debe perderse de vista en esta nueva adecuación, estructural y funcional, de todo lo electoral.

El partido en el poder, Morena, ya adelantó varias de sus intenciones que serán sometidas a análisis y discusión; como son la erradicación de la reelección continua, rechazada por muchos debido a los sangrientos antecedentes históricos tenidos. Visto está que quien usufructúa del poder establecido suele ser proclive a la continuidad de su estilo de gobernar; cuidándose las espaldas e interviniendo, subrepticiamente, en el resultado final de votaciones sesgadas. Máxime si los sistemas electorales son vulnerables a artimañas, estratagemas modificatorias, fraudes y malas artes.

También en su pliego de reformas electorales figura eliminar el nepotismo; mismo que ha sido aupado por la partidocracia institucionalizada, cuyo control está en pocos dirigentes que se sirven con “cuchara familiar pozolera”. En Guerrero ya casi llegamos al ideal de la familia nepote: Padre, senador; madre, diputada federal; hija, diputada local y el benjamín de la familia, en sus pininos políticos como presidente municipal. El nepotismo forja dinastías en el poder que viven con diletante filisteísmo en un país con mucha pobreza y con una ciudadanía y juventud emergente que exige participar electoralmente ante el rudo embate del empleo informal y del desempleo pronunciado en el contexto de la precariedad económica en que estamos inmersos.

También estarán sujetos a discusión el monto anual de los presupuestos públicos destinados a los institutos y tribunales electorales y a las “prerrogativas” de los partidos políticos para el sostenimiento de su operación. Estas últimas llegan a ser de tal cuantía que son un pingue negocio económico personal para los dirigentes políticos; además los millones de pesos del erario que reciben para financiar las campañas electorales y la miríada de billetes adicionales que reciben en forma ilícita y oscura por capos del narcotráfico, grandes empresarios, políticos poderosos, así como por la venta de candidaturas al mejor postor. Los jefes políticos institucionalizados se han vuelto figuras emblemáticas de altos dispendios y generadores de riquezas individuales en el corto plazo.

México tiene uno de los sistemas democrático-electorales más costosos del mundo. No guarda congruencia con una generalizada pobreza de la mayoría de su población y de una economía nacional endrogada. La actual democracia que gozamos, por la circunstancia corrupta e impune en la que se desenvuelve, no es austera tanto en sus instituciones como en sus procesos; saliendo muy cara para los ciudadanos sostenerla con sus impuestos.

Tema importante por reflexionar será la mayor centralización del órgano rector de las elecciones: el Instituto Nacional Electoral y la supresión de los 32 Organismos Públicos Locales Electorales (OPLE´S), cada cual con una estructura, recursos financieros, humanos, materiales y procesos de carácter estatal. El quid del asunto es de naturaleza política y económica. Lo político versa sobre la propuesta de un solo organismo rector a nivel nacional con posibles sesgos de intervención subrepticia del presidente de la República; o bien, permanecen las actuales OPLE´S que pueden padecer el sesgo de los gobernadores y alcaldes en turno. El centralismo o federalismo electoral estará en la palestra del análisis sobre la mejor manera de fortalecer nuestra maltrecha democracia.

Por último, la reforma electoral también tocará el tema de la integración del Congreso de la Unión y las respectivas legislaturas locales en cuanto al número de legisladores plurinominales (surgidos de los partidos políticos, por ende, son representantes de partidos) y los uninominales (emanados del voto ciudadano, por tanto, son representantes del pueblo).  Ex diputados federales de diferentes legislaturas me comentaban que es excesivo el número actual de 500 curules; los que realmente trabajan en aspectos legislativos son alrededor de ¡cincuenta!; los demás están dedicados a la politiquería nacional. De ahí que en los hechos, nuestra democracia sea realmente una seudo democracia costosa y maltrecha. ¿O no?

porelrescate@outlook.com

 

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