viernes, 11 de marzo de 2011

No me acostumbro

Héctor Manuel Popoca Boone.

No me acostumbro al cinismo público de algunos políticos y gobernantes. Lo usan sin mayor pudor y con total desenfado al verse descubiertos en sus fechorías e ilícitos. Para ellos no aplica ninguna ley porque supuestamente la encarnan, por el momento.
No me acostumbro al desdén que manifiestan por los reclamos populares y al menosprecio que exhiben en el trato al ciudadano. Son signos inequívocos de una petulancia y autoritarismo patológico en donde no se atisbó la obligación de dejar el poder quedando obstruccionado su ejercicio en forma modulada, respetuosa y democrática.
No me acostumbro a la insensibilidad social que aleja al gobernante de los gobernados y lo alienta a extraviarse de las pulsiones del sentir popular y de la pertinencia del acto de gobierno. No acepto la terquedad de hacer lo que uno cree que es bueno para el pueblo cuando en realidad no es así. Hábito de dictadorzuelos soberbios que va en desuso gracias al repudio popular.
No me acostumbro a la corrupción gubernamental. Donde buena parte de los gobernantes y políticos son corruptores y corruptos a la vez. En connivencia con ciertos empresarios y líderes político-sociales de la misma ralea. Los más, exigen pruebas que demuestren su deshonestidad llana, a sabiendas de que se les acusa de ratas, no de tontos. Hasta incendiarios y retadores se presentan ante la opinión pública.
No me acostumbro a la degradación de los poderes establecidos, a partir de lo que el ejecutivo estatal dispone. Rechazo la compra de voluntades, procedimientos, votos, sentencias, dictámenes y veredictos en el orbe de los policías, agentes del ministerio público, jueces, diputados y auditores, entre otros. Con eso, el gobernante adquiere derecho de tanto para vilipendiarlos una y otra vez. Los cañonazos de convencimiento mediante soborno siguen vigentes, únicamente ha variado el calibre y el grado de penetración. Al final es vasta la perforación.
No me acostumbro a los gobernantes ineptos que mantienen los niveles bajos de salud, educación, empleo, justicia y seguridad pública en un pueblo semi asfixiado por la pobreza. Para colmo, no ejercen los presupuestos públicos federales etiquetados que a la postre sufren desviación en su aplicación o devolución por falta del aporte estatal correspondiente.
Tampoco me adapto a los embusteros, que prometen gobernar para el pueblo y lo hacen para unos cuantos. Con los falsarios, que se empeñan públicamente en erradicar vicios y terminan refocilándose en ellos. Por la mañana critican a supuestos adversarios políticos y en la noche se entreveran con ellos. En amasiato clandestino y torvo.
No me acostumbro a los rufianes con poder que pisotean el estado de derecho. Retuercen las leyes al tenor de venganzas, rencores y resentimientos personales; reprimiendo incluso a los defensores de los derechos humanos. Tampoco me avengo a los indolentes con poder. Inclementes contra quienes claman justicia. Permisivos con doblez frente a la violencia criminal desorbitada.
No me acostumbro a la estela de mentiras y falsedades que gran parte de los políticos y gobernantes esparcen todos los días creyendo que el pueblo es lelo y sumiso. Sorpréndeme la liviandad y frivolidad con que abordan los problemas de un pueblo desvalido.
No, no me acostumbro a que Guerrero siga teniendo gobiernos fallidos y gobernantes fracasados.
PD1. Compañero César Núñez Ramos: No me acostumbro a participar en actos políticos manipulados. Por eso te pregunto públicamente lo que en privado nunca me contestaste: ¿Por qué, durante la pasada contienda electoral, le presentaron a Ángel Aguirre quince compromisos para firma “sin alterar una sola coma”, cuando la asamblea lópezobradorista aprobó solo diez? La verdad incomoda, pero no mata. Redime.
PD2. Cuando un pueblo deja de burlarse de sus gobernantes es que le han robado el alma. Afortunadamente el sureño es irreverente con la casta de políticos y gobernantes irresponsables que ha tenido que soportar tiempo ha.
 



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