Héctor Manuel Popoca
Boone.
Pensaba
escribir sobre el gobernador, Héctor Astudillo Flores, (HAF) como un mandatario
público solitario, en su pesada y difícil encomienda constitucional. Sobre la
percepción prevaleciente de ser un gobernante sin gabinete de trabajo, sin
apoyo alguno para fortalecerse y llevar a cabo el buen cumplimiento de las
metas gubernamentales trazadas.
Pensaba
en describir, pormenorizadamente, los hechos que así lo indicaban y que lo
dejaban mal parado ante la ciudadanía. Como lo fue, el rotundo mentís que le
propinó su secretario general de gobierno, vía la secretaria de la mujer,
cuando afirmaron tajantemente que la OPIM no iba a tener cabida en la co-administración
del Centro Comunitario de la mujer indígena en Ayutla; siendo que días antes, HAF
había dialogado constructivamente con las mujeres dirigentes Me Phaa de
aquellos lares.
O
cuando declaró públicamente que no se involucraría en la escalada del conflicto
sindical magisterial en Guerrero y pocos días después, su secretario de
educación declaraba, provocativa e irresponsablemente, que darían de baja a casi
mil maestros que decidieron no participar en el proceso institucional de
evaluación recién establecido.
Colgado de la brocha quedó cuando afirmó
también que no sería dique u obstáculo para que, si así se concluyera por
especialistas en la materia, establecer la alerta de género en el estado. No
pasaron muchos días para que el fiscal estatal rechazara tal posibilidad
aduciendo tecnicidades jurídicas, refrendando la negativa ya declarada por el
secretario general de gobierno. Y con todo lo anterior, uno se podría preguntar
válidamente ¿Quién gobierna institucionalmente Guerrero? ¿O es acaso un juego
perverso del gobernante bueno y sus colaboradores malos?
Pero
he aquí que el suceso de la captura de dos relevantes narcotraficantes con
dominio en territorios de Ixtapa Zihuatanejo y en Acapulco vinieron a desmentirme
en mi inicial percepción. Ulteriores sucesos como el intento de un juez federal
venal de liberarlos; el amedrentamiento sin parangón realizado por la
delincuencia organizada contra las personas del gobernador del estado, del presidente
del Tribunal de Justicia del Estado, del fiscal estatal, así como el atemorizar
a la sociedad misma con viles asesinatos a la luz del día en playas
vacacionales de Acapulco, provocaron una respuesta institucional contundente,
hecha valentía, firmeza y determinación.
En
un marco de gran cohesión, Héctor Astudillo, Robespierre Robles, Xavier Olea y
Roberto Álvarez Heredia se aplicaron personalmente, como un todo único y
tomaron al toro por los cuernos, sin amilanarse en ningún momento. El primero
instruyendo, los otros dos obrando y el último explicando al pueblo lo que
estaba ocurriendo sin mendacidad alguna. Dieron verdadera muestra de cómo deben
tratarse a los malhechores de gran calado y a sus criminales fechorías, sin la
tradicional impunidad derivada de la corrupción.
Acciones
como las descritas son aplaudibles y dignas de reconocimiento, porque dan esperanza
a la ciudadanía de recuperar la confianza en el gobierno, vivir sin
incertidumbre, sin zozobra, ni inseguridad cotidiana; manteniendo su patrimonio
a buen resguardo y con la tranquilidad necesaria al saber que no todo el
gobierno federal o estatal son narco-gobiernos en Guerrero. A eso se le llama
otorgar seguridad de Estado.
El
respaldo del gobierno federal a este tipo de conductas de eficaz protección a
la sociedad fue constatado al realizarse en Acapulco una reunión del gabinete
de seguridad federal encabezado por el secretario de gobernación, Miguel Ángel
Osorio Chong, en la que anunció el regreso de contingentes de la policía
federal y una coinversión con el gobierno estatal de 200 millones de pesos
adicionales para reforzar el sistema de seguridad pública de Guerrero.
Por
cierto, al presidente municipal de Acapulco no se le vio ni como convidado de
piedra. Su ausencia fue tan elocuente y de obviedad que es conveniente que pida
permiso para retirarse de la responsabilidad de gobernar Acapulco, por el bien
de la población. Es un gobernante no confiable para el Estado Mexicano. ¡Sopas!
PD. En la nueva ley
orgánica del Congreso del Estado aprobada por la mayoría de nuestros ínclitos
diputados, no dispusieron sancionar a los faltistas, con eso el poder legislativo
refrenda una vez más su vocación de querer pertenecer a un gobierno de
mediocres y hogazanes. ¡Uf!
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