Héctor
Manuel Popoca Boone.
De
suma gravedad fue el anuncio que hizo el gobierno del estado de que la
Secretaria de Hacienda y Crédito Público dejó de suminístrale la mitad de los
ingresos fiscales previstos para este mes. O sea, de mil 108 millones de pesos
programados, mandó sólo 554 millones. La magnitud del problema se aprecia si
tenemos presente que los diversos programas bajo la operación del gobierno del
estado son sufragados, en su inmensa mayoría (95 por ciento), por las participaciones
fiscales provenientes del gobierno federal.
El
recorte es severo y obliga necesariamente a entrar en un programa de rigurosa
austeridad en el ejercicio del gasto público. Sin miramiento alguno deberán
suprimirse todas las partidas de gasto de carácter superfluo o de lujo a los
que están acostumbrados los funcionarios en el poder. Ellos tienen que dar el
primer ejemplo del racionamiento del gasto frente a la cancelación abrupta de
programas de inversión y de servicios dedicados a la población, sobre todo
evitar mermas en los sectores seguridad pública, salud y educación. Ya los
delegados de las distintas instituciones federales han empezado a informar que
los presupuestos y metas programadas se están reduciendo en un rango que va de
cincuenta a setenta por ciento de lo que originalmente tenían asignado aplicar
en Guerrero. De nueva cuenta tendrá que apretarse el cinturón la mayoría de los
mexicanos.
Crisis
financiera gubernamental como la de ahora, me recuerda la sufrida en tiempos
del gobierno de Don Alejandro Cervantes Delgado (ACD), a consecuencia de la
gran recesión económica nacional e inflación galopante provocada por los
excesos del ex presidente de la república, José López Portillo, que heredó a su
sucesor, Miguel de la Madrid, quién expresó en aquel entonces su voluntad de
que no se deshiciera la nación en sus manos.
En
Guerrero, ACD tomó las siguientes medidas: Estableció el Programa Dando y
Dando, dentro de la lógica de “hacer más con menos”. La consigna era no
disminuir las metas fijadas a consecuencia de los recortes presupuestales;
convocando a la población de los pueblos y barrios populares a su aporte de
mano de obra en la obra comunitaria; agua y drenaje, pavimentaciones, puentes,
escuelas, centros de salud, canchas deportivas, etc. El pueblo respondió al
llamado; porque vio que ACD tenía la suficiente autoridad moral al gobernar con
honestidad tomando distancia y repudio a la corrupción y a los negocios turbios,
que eran costumbre hacerlos desde el gobierno.
Otra
medida fue reducir a su mínima expresión el “contratismo” corrupto que, a raja
tabla y en contubernios deshonestos, los funcionarios desleales a ACD imponían
a cuanta obra pública se realizara, encareciendo en mucho el costo de la obra.
Con todo su respaldo, dimos de baja del padrón de contratistas del gobierno del
estado, a más de 15 compañías que se destacaban por sus altos niveles de
corrupción, por sus obras de baja calidad y costos inflados u obras inconclusas
que reportaban como terminadas. Cosa similar se hizo con las adquisiciones
gubernamentales en donde también funcionarios y empresarios inescrupulosos
incluían en el precio unitario de las compras la mochada respectiva.
Para
evitar el estancamiento económico del medio rural, se implantó el programa
crédito a la palabra, sin muchos requisitos ni llenado de expedientes técnicos
o folios discrecionales. Se le otorgaba al campesino o al pescador un modesto financiamiento
productivo oportuno y rápido respaldado solo por la palabra y el apellido del
productor comprometido a pagarlo. Los niveles de recuperación eran por encima
del 90 %.
PD.
Aquel que diga que no subirán los precios de los productos de consumo de la
inmensa mayoría de los mexicanos es un reverendo mentiroso. El incremento de
las gasolinas, el alza de las tarifas de la luz, la elevación de la tasa de
interés interbancaria, la falta de inversión pública y privada y el cada vez
más difícil pago de la deuda pública, han llegado para quedarse. La inflación
está a la vuelta de la esquina. De nueva cuenta el pueblo pagará los platos
rotos de una economía que hace más ricos a los pocos ricos y lleva a la pobreza
a la inmensa mayoría de los mexicanos. ¡Uf!
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