Héctor Manuel Popoca
Boone.
La semana pasada fui
invitado por la diputada Magdalena Camacho Díaz, que preside la Comisión de
Seguridad Pública de la cámara local de diputados, a una conferencia sobre la
trata de personas, impartida por una especialista en la materia, Rosi Orozco,
en el auditorio del poder legislativo en Chilpancingo.
En la exposición de
motivos del evento, la legisladora integrante de la fracción parlamentaria del
Movimiento Ciudadano (MC), subrayó la importancia y, por ende, la perentoriedad
de legislar sobre tan deleznable delito, entendiéndolo como “toda acción u
omisión dolosa de una o varias personas para captar, enganchar, transportar,
transferir, retener, entregar, recibir o alojar a una o varias personas con
fines de explotación”
Dicha urgencia también
fue enfatizada por la conferencista magistral, al recalcar que Guerrero acusaba
rezago en su ley estatal por cuanto actualización, alineamiento y armonización
con la ley federal respectiva. Donde se contempla tal delito como de alto
impacto social y de amplio espectro presencial. Por su parte, el diputado
Ricardo Mejía Berdeja, que encabeza la bancada del MC, lamentó, una vez más, la
lentitud de la Comisión de Justicia del Congreso Local para dictaminar las
iniciativas de leyes que han presentado los del partido naranja en materia de
justicia oportuna y expedita que requiere Guerrero.
Deplorable resultó que a
ésta conferencia hayan asistido tan solo 5 de 46 diputados que integran el poder
legislativo local. Refrendan con eso el bajo perfil que tienen, a causa de su
acendrado ausentismo, impuntualidad, holgazanería y vale-madrismo, con que
asumen las responsabilidades legisladoras encomendadas por los ciudadanos
electores y que se les retribuye económicamente con demasiada generosidad.
Días después, mi tocayo,
el diputado Héctor Vicario Castrejón, presidente de la Comisión de Justicia, se
quejó del “acoso legislativo” que ejercita Ricardo Mejía para que, según su
versión, se dictamine al vapor en las diversas iniciativas de leyes que sobre
justicia los diputados del MC han presentado. Arguye que se requiere tiempo y
mucha técnica jurídica para analizar y pulir ese tipo de leyes. Cuestión en la
que estoy de acuerdo con él hasta cierto punto, porque debemos ponderar la
meticulosidad con la necesaria inmediatez en la aplicación de la ley para que
se inhiba con mayor eficacia este tipo de delitos que no son nada esporádicos
en Guerrero.
Al ir en camino a la
conferencia, medité sobre las diversas tratas de personas que se presentan de
antiguo, en estas tierras del sur. De bote pronto, me acordé de la trata de
infantes en el zócalo de Acapulco. La prostitución sexual desparramada a lo
largo de la zona de La Condesa. La venta de jóvenes indígenas púberes para
fines de matrimoniales hecha por sus familiares, en pueblos indígenas de la Montaña.
Los trabajos forzados a que son sometidas anualmente más de cinco mil familias
indígenas en campos agrícolas del norte del país, por enganchadores y
empresarios rurales inescrupulosos. O el acoso permanente y otorgamiento de
favores sexuales a que son presionadas las edecanes y secretarias del congreso
local, so riesgo de perder su empleo de no hacerlo y que es realizado trienio
tras trienio por las nuevas camadas de diputados ardorosos y fogosos que llegan
al palacio legislativo.
Por lo que concluyo que,
en este caso, la lentitud de aprobar una ley actualizada sobre la trata de
personas de amplio espectro y con eficacia punitiva, se debe a que nuestros
ínclitos diputados ¡No se quieren poner la soga al cuello!
PD1. “No
entiendo, ni quiero entender”, me dijo un político acerca de la necesidad de
someter metódicamente nuestras ideas y promesas a su permanente constatación de
congruencia con los hechos
PD2. El PRI ganó la
gubernatura, aun cuando perdió 61 de los 84 municipios del estado, debido a la
equidad de género, que obliga a los partidos a postular mujeres en la mitad de
los puestos de elección, aunque no sean competitivas. Así lo declaró, Omar
Fayad, flamante gobernador priista del Estado de Hidalgo. ¡Chúpale pichón!
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