lHector Manuel Popoca Boone.
Qué necesidad tuvo el
gobernador y su “maestro incómodo” (entre otros) de ganarse mayor repulsa;
teniendo ya de por sí bajos niveles de aceptación popular por su forma de
gobernar. La rebelión de los vencidos electoralmente, empieza con una gran
provocación a los pueblos indígenas. Las fuerzas políticas derrotadas se
agrupan en torno a la Ley Astudillo contra los pueblos originarios. Las
modificaciones del articulado constitucional tienen sustento en las
intencionalidades de trasfondo de quien las impone. Han abierto un interregno
legal para la represión popular.
Es una “vil venganza”.
Por un lado, están el PRI-PRD-PAN-MC-PT, liderados por el gobernador y su
“maestro incómodo”, y, por otro lado, Morena y organizaciones sociales
encabezadas por la CRAC-PC y el CECOP, contando con el respaldo de movimientos
sociales y organizaciones defensoras de los derechos humanos que caminan por la
senda de la reconstrucción de la paz en Guerrero.
La miopía política del
gobierno estatal es mayúscula; ven el incendio, por ineptitud institucional, y
le echan más gasolina al fuego. Astudillo tomó la peor de las rutas para sincronizar
su gobierno con el del próximo ejecutivo federal. Imprudencia e insensatez a la
vez. Pobre Guerrero. Comete craso error al elegir este sendero para arribar a
acuerdos de cohabitación con el nuevo gobierno federal. No se percata que AMLO
está mucho más cerca de los pueblos indígenas, que de su gobierno. No puede
borrar de un plumazo o dejar en la indefensión, en lo abstracto y temporal un
batallar histórico-social de justicia y paz que, hoy más que nunca, tiene razón
su existencia por las crueles y sangrientas realidades incontrolables que
padece nuestra entidad.
No quiso la actual
legislatura local percatarse que “somos mucho más que dos” en esta discrepancia
preconcebida. Los diputados locales terminales (con la gran excepción de la
diputada por Morena, María de Jesús Cisneros Martínez) no actuaron como
representantes populares, sino como personeros del gobernador. Se ganaron a
pulso su buen “pago de marcha”. Lo in$ólito del asunto fue que una recién flamante
diputada federal por Morena, regresó a su antigua curul estatal solo para
argumentar en contra de la ley Astudillo, pero a la hora de votar lo hizo a
favor. Es costumbre de muchos legisladores orientar su voto a lo más
conveniente para su persona y no para concretar un anhelo social.
Pero el acabose fue que
ahora tienden la alfombra jurídica para obsequiar represión legal a los que
históricamente han impedido que el delito se enseñoree en sus territorios
indígenas. Aprobaron “las leyes Astudillo” en el ocaso de su pésima y opaca
legislatura. No buscaron consenso con el pueblo. Implementaron una farsa
grotesca. Para su oprobio.
Legislaron con letra
muerta. La CRAC-PC, la CECOP y Tlachinollan, que tienen representación de
alrededor 300 pueblos de diversos municipios indígenas, ya les espetaron que no
acataran dichas disposiciones legales. En términos reales no hay autoridad estatal
que se los impida. Seguirán con su sistema de seguridad y justicia indígena,
bajo el amparo que les da la Constitución de la República y los convenios
internacionales que México ha firmado en la materia.
Los del gobierno se
niegan a reconocer que la delincuencia en Guerrero los desbordó totalmente, por
más que digan que no es así. Pero lejos de aceptar su fracaso y aliarse con el
pueblo, tratan de impedir que los ciudadanos organizados de antaño sigan
haciendo realidad en sus comunidades el buen orden y la buena paz. Los malos
gobiernos habidos hasta ahora han sido cómplices del señorío de la inseguridad
en Guerrero, ya sea por omisión o por colusión. Y ahora, a palo dado, exigen
respeto. ¡Uf!
PD1. Los diputados locales en su ignominiosa salida
dejaron congelada la iniciativa de sancionar con mayor severidad la extorsión o
“derecho de piso”.
PD2. En Hidalgo como antes en Sonora, se dieron albazos
legislativos para cubrir presuntos latrocinios del erario público y modificar
facultades internas a las próximas legislaturas donde llegará con mayoría
Morena.
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