Héctor Manuel Popoca Boone
A cuatro años del
presente gobierno estatal en Guerrero, sigue prevaleciendo una gobernabilidad
inestable como rasgo distintivo propio en el concierto de las entidades de la
república. No lo digo yo solamente, sino que es opinión de muchos ciudadanos
mexicanos. Además continua el andar, a galope tendido, de varios jinetes
apocalípticos que la tienen postrada como una entidad federal fallida; si no es
que irremediablemente perdida.
Nuestra histórica
pobreza social y económica prevalece en forma acentuada. Los indicadores que
señalan su magnitud nos colocan en los niveles nacionales más bajos de salud,
educación, seguridad pública y crecimiento económico; es decir, en el sótano de
la nación, para nuestra ignominia. Si a esos jinetes les agregamos sus
imprescindibles escuderos, como lo son: la corrupción, la ilegalidad, la
impunidad, la irresponsabilidad y la mala administración pública; encubiertos
en el engaño, la hipocresía, la deshonestidad, la falta de vocación de
servicio, de inversión pública y privada, así como por la sempiterna dejadez de
los funcionarios públicos estatales y municipales, concluiremos que somos un
pueblo signado por la desgracia perenne y por un sometimiento, sufrimiento y
conformismo social de triste sino.
Si agregamos los
infortunios generalizados con los que la madre naturaleza nos ha castigado en
las últimas décadas, como son los fenómenos hídrico-meteorológicos entre otros,
que nos provocan graves pérdidas humanas y materiales, podemos también concluir
que, el sureño, es un pueblo estoico y pletórico de resiliencia permanente, aun
cuando algunos digan que somos masoquistas y desafortunados por naturaleza.
No es de extrañar
los revientos sociales regionales que se presentan, de vez en vez, ya que somos
los olvidados de la República. El gobierno federal y los partidos políticos nos
voltean a ver solo en época de procesos electorales o de grandes desastres
naturales; menos, ni se acuerdan de nuestra pobre existencia. Ingratos han sido
algunos gobiernos federales por el insuficiente apoyo que nos han brindado como
territorio federado, debilitado y deteriorado.
No nos debemos de
extrañar por el cúmulo de marchas, bloqueos y plantones de protesta de
ciudadanos, ya sea en edificios públicos, avenidas o carreteras, a lo largo y
ancho de todo el territorio guerrerense. Nos causan irritación al hacernos perder
tiempo, dinero, esfuerzo y salud al llegar con demora a nuestras citas y
trabajos, por culpa de los que impiden la circulación y el libre tránsito o
trámite, pero nos resistimos a comprender las causas que los motivan a realizar
esos actos ilícitos, a veces vandálicos; causados por el enojo acumulado y la
poca atención gubernamental a demandas sociales muy sentidas; como la carencia
de justicia imparcial y vigencia de la legalidad; adeudos de salarios y
pensiones; de obras públicas inconclusas; de acciones de gobierno no realizadas
pero reiteradamente prometidas para el beneficio de barrios, colonias
populares, comunidades rurales, etc.
No hay
justificación alguna para dichos actos de arbitrariedad y de desesperación
popular, pero si es necesario entender el porqué de las génesis de ese tipo de
manifestaciones de exigencia justa y de protesta social menospreciada.
En el transcurrir
del tiempo, afortunadamente en Guerrero se ha desarrollado un poder civil
creciente representado por movimientos y organizaciones sociales municipales y
regionales, de carácter cívico-solidario de auxilio mutuo, que no buscan el
poder institucional sino ser vigilantes del buen uso del mismo y de la
exigencia del respeto a todos los derechos humanos de todos.
No menos
importante es tener presente el ente apocalíptico representado por los grupos
de la delincuencia y del crimen organizado que su poder, en la actualidad no
solo se origina en el tráfico de estupefacientes a nivel nacional e
internacional, sino que ya está enraizado en la extorsión, el derecho de piso,
en el secuestro, en los procesos de elección popular; infiltrado está también
en los tres niveles de gobierno que actúan en estas regiones del sur; en los
contubernios económicos con empresarios inescrupulosos; así como en el control
del transporte público y de carga; en el abasto y mercadeo regional y local de
bienes y mercancías. ¡Uf!
PD. Lo más
recomendable para nuestra sufrida y muy dependiente entidad federativa es que
el próximo gobernador o gobernadora no posea mácula alguna de deshonestidad,
tenga buen oficio de gobierno y sea persona cercana a la Presidencia de la
Republica. No hay que dar tanto brinco; estando el piso tan parejo. Llegó la
hora de alinearse. ¿O no?
porelrescate@outlook.com
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