Héctor Manuel Popoca Boone.
Una economía que consume más allá de todo lo que
produce en forma lícita; sin ahorrar ni invertir una parte de su riqueza
social, indefectiblemente pierde inercia y entra en estancamiento. Si su
población se ve incrementada anualmente, disminuirán las disponibilidades
financieras y los satisfactores materiales y de servicios. Quedará obligada a
recurrir a préstamos externos de largo plazo para cubrir la brecha entre lo que
consume y lo que genera como ingreso social. En el mediano plazo será una
economía insolvente; sin inversión productiva ni tecnológica de innovación; sin
recursos para sostener su crecimiento económico y desarrollo social.
Con el tiempo, una economía nacional con un déficit
grande en su funcionamiento entrará en recesión y crisis económica donde la
temible inflación galopante y después la devaluación abrupta se encargarán de
disminuir el bienestar social del país. Incluso, posibilita la estanflación,
que es la aparición simultánea de inflación elevada,
desempleo crónico y un estancamiento económico.
En la propuesta de gastos que prevé tener el gobierno
federal de México para 2026, contempla un gasto total de aproximadamente 10.19
billones de pesos, lo que representa un incremento real de 5.9 % respecto a
2025. En tanto los ingresos serán casi del mismo monto 10.2 billones de pesos,
con permisibilidad (no recomendable) para incrementar la deuda interna con
fines de financiamiento al gasto público hasta por 1.7 billones como límite máximo
y un endeudamiento neto externo de hasta 15,500 millones de dólares.
Del total del presupuesto de egresos, alrededor del
82.4 % ya está comprometido en obligaciones ineludibles como son el pago de
deuda, pensiones, participaciones federales a los estados, programas de
protección social; sostenimiento de los sectores prioritarios: salud; educación;
seguridad pública; defensa nacional; administración gubernamental e inversión
para terminar de construir infraestructura en proceso.
La alta proporción de gasto comprometido (cuatro
quintas partes) limitará la flexibilidad presupuestaria para hacer transferencias
y/o reasignaciones, lo que significa que nuevos programas de inversión
productiva generadores de empleos, permanentes y formales, deberán financiarse
con recursos extras que impactarán en más deuda pública, mayor inflación e
incremento de la tributación fiscal regresiva al consumo.
Es probable caer en déficits financieros puesto que
los gastos serán mayores que los ingresos y eso restará fondos para disminuir las
brechas educativas, tecnológicas y científicas; la reposición de maquinarias y plantas
productivas ya obsoletas; así como cubrir imprevistos y contingencias.
La inversión fija nacional realizada entre agosto del
2024 al 2025 disminuyó en 8.9 por ciento, por lo que la expectativa de
crecimiento de la inversión productiva para 2026 será reducida; por
consecuencia la oferta de mercancías y servicios básicos será inaccesible para
una mayoría de la población que tiene ya de por sí un poder adquisitivo bajo.
Los principios de macroeconomía anteriormente
señalados no son del todo respetados por los gobernantes y políticos de la denominada,
“Cuarta Transformación”. Atenderán preferentemente lo que reditúa más en
política en el corto plazo: “los programas sociales” es decir, apoyos directos
de recursos monetarios a la población más vulnerable del país. Los subsidios
directos a la población pobre para fortalecer su consumo son correctos, siempre
y cuando sean respaldados por la suficiencia de ingresos derivados de la
inversión para la producción y el trabajo. Sobre todo, en un país como el
nuestro, caracterizado por una gran desigualdad social.
Conclusión: A México le urge que el sector público y
el privado promuevan y realicen una mayor inversión, no especulativa sino
productiva, para generar mayor número de empleos formales y permanentes.
PD. El presidente estatal de Morena considera que a la
población de Chilpancingo la cuidan bien las fuerzas institucionales avocadas a
eso; en tanto 9 ciudadanos capitalinos de cada 10, declaran vivir en un
ambiente de inseguridad pública (INEGI). Dos formas diametralmente opuestas de
percibir una realidad, según lo empoderado que este uno. ¡Uf¡
porelrescate@outlook.com
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