Héctor Manuel Popoca Boone
El imperio del mal (nuestro vecino del norte) ya nos
enchufó con los aranceles que tenía previstos imponer a nuestras exportaciones
comerciales. No nos queda de otra más no movernos mucho, para que no nos duela
tanto; económicamente hablando.
Todo imperio como gran dominio territorial y
continental por una nación, a lo largo del tiempo presenta una trayectoria cual
si fuera un organismo biológico. Esquemáticamente, los imperios pasan por un
rápido y robusto crecimiento inicial, luego una expansión que deviene en fuerte
consolidación autoritaria y así llegar a la abundancia, al derroche y a la saturación
de poder. Posteriormente viene el declive asociado a una dilapidación de lo
acumulado a través del tiempo. Hay una real merma de ímpetu, acumulación y
dinamismo inicial, para entrar a la mengua, decadencia y extinción.
La existencia de un imperio también depende de su
cimentación ideológica, lograda y respaldada con estabilidad política,
económica y social; importa mucho el que los pueblos subyugados y subordinados
sientan estar bien acogidos y protegidos. Una variable externa es la existencia
de amenazas de fuerzas reales que atenten contra su predominio imperial
hegemónico.
Ejemplos imperiales emblemáticos fueron los imperios
persa, egipcio, romano, mongol, español, francés, inglés. ruso, austrohúngaro,
turco, por mencionar algunos. En el siglo XX, durante la II Guerra Mundial (1939-1945),
presenciamos los intentos nazi-germánicos y del Japón, los cuales fueron
afortunadamente derrotados; también sobrevino la decadencia de los imperios
francés e inglés y, a la vez, el surgimiento de las potencias imperialistas de
Estados Unidos (capitalista), la extinta Unión Soviética y China (comunistas),
con sus respectivos países satélites.
Particular importancia reviste para México y para otros
países inmersos en el neoliberalismo económico globalizado el nuevo derrotero
que está tomando el imperialismo yanqui, en su fase post neoliberal. En su
segundo período presidencial, Donald Trump, está modificando aspectos importantes
del modelo de crecimiento económico y social del canon capitalista de Estados
Unidos iniciado hace más de 30 años (contenidos en los Consensos de Washington
de 1989) y eso está repercutiendo en forma importante en la economía planetaria.
En la pretensión de volver a ser la potencia primigenia y
hegemónica mundial, el actual gobierno de EU, dominado con mucha nitidez por
una oligarquía conservadora, racista y autoritaria, abandona el New Deal
(el nuevo trato del presidente Roosevelt), “cuyo objetivo era reactivar la economía de la crisis y depresión
(1920) con protección a la población vulnerable. El programa se caracterizó por:
1) la intervención estatal en la economía a través del gasto público en
infraestructura económica básica y establecimientos de programas sociales; 2) la
creación de empleo a través de inversión de base para el fomento industrial y
agrícola. 3) promover la industria de guerra y 4) la regulación financiera
trasnacional a través del dólar y de los bancos y fondos mundiales reguladores.
El New Deal sentó las bases para que EU alcanzara un estado de bienestar
económico bonancible después de la II Guerra Mundial (Welfare State).”
El estado
de bienestar al que EU aspiraba antes del predominio del neoliberalismo, se
basaba en una activa administración pública, es decir, la intervención del
estado para una mayor redistribución de la riqueza nacional que mejorara las
condiciones socioeconómicas, de empleo, salud y educación de la población. Perseguía reducir (con todos los peros capitalistas y/o
imperialistas), la inequidad económica y, al mismo tiempo, la desigualdad
social. Pero la Guerra Fría y las guerras regionales calientes en diferentes
partes del mundo, obligaron, a la par, a destinar mayor gasto público a esos
menesteres de defensa y seguridad nacional lo que elevó el gasto público a
niveles inusitados; incurriendo en fuertes déficits financieros y una elevada
deuda pública externa e interna.
Ahora Trump, a través
de decretos presidenciales ha suprimido de tajo la esencia de lo que quedaba del
New Deal y del Welfare State. Para parar, según él y su equipo de
neonazis, el deterioro del dólar. Pretende sustituir esas políticas
socioeconómicas con su consigna demagógica: “Que vuelva EU a tener la grandeza
perdida.”. MAGA. (“Make America Great Again”). La razón esgrimida del
cambio de política económica es no poder seguir manteniendo a su país con el
alto grado de inestabilidad macro económica a consecuencia de haber llevado a
su máxima expresión la gran cultura del consumismo capitalista.
Para reducir esos
grandes déficits, Trump rehúsa imponer mayores impuestos a sus pares oligarcas,
dueños de las grandes corporaciones transnacionales. Al contrario, se los está disminuyendo; en
cambio, suprime importantes áreas del gobierno federal, disminuye al máximo todos
los programas de asistencia social y quita los subsidios a la pequeñas y medianas
empresas; encareciendo los servicios de salud y de educación pública para la
mayoría de la población estadounidense. A la par, socava el comercio mundial
entre países y todos los tratados comerciales ya establecidos con una insensata,
irritante y anti diplomática “arancelitis” aguda.
PD. El “Orate del norte” no cumplió con sus
compromisos de disminuir el narco menudeo del fentanilo en las principales
ciudades de EU y combatir a las pandillas delictivas que lo hacen posible;
tampoco ha prohibido a las armerías allende el Río Bravo la venta de armas de
alto poder destinadas a organizaciones criminales de México. Que conste.
porelrescate@outlook.com
No hay comentarios:
Publicar un comentario