Héctor Manuel Popoca Boone.
Guerrero necesita jóvenes que se preocupen y tomen
conciencia del devenir escabroso de esta entidad. Me gustó la entrevista que le
hizo, Ramón Gracida Gómez, a la joven Dra. en Gobierno -por la Universidad de
Harvard-, Viridiana Ríos (El Sur 30/marzo/2025). Coincidentes consideraciones
me devuelven cierta certidumbre de que cuando en estas tierras sureñas contemos
con una buena y sólida plataforma educativa, y de una amplia y profunda
conciencia ciudadana, tendremos asegurado nuestro buen futuro y podremos salir
de la ceguera transgeneracional, provocada por nosotros, los adultos, que nos
tienen inmersos en la ignominia, acosados por la violencia con impunidad y constreñidas
nuestras libertades; sin otorgarnos tregua alguna.
Para salir de esta postración, casi sempiterna, no
basta crear mayor infraestructura física si no se cuida y mantiene en buenas
condiciones. No basta con quintuplicar el presupuesto público federal que
históricamente lo dilapidamos, otorgado en forma rala para múltiples programas de
creación y finitud sexenal. No basta incrementar la inversión privada
productiva si no tenemos como activo social una joven casta gerencial,
emprendedora e innovadora; tomadora de riesgos calculados. No basta visualizar nuestra
gran riqueza potencial, natural y material, hoy reducidos sus aprovechamientos
al carecer de mentalidad para adoptar, adaptar y detonar nuevas modalidades
tecnológicas y emprendimientos creativos, productivos y capitalizables, en los sectores
público, privado y social.
No hemos podido vender del todo bien nuestros
productos locales con mayor valor agregado en los mercados de consumo donde
paulatinamente han sido desplazados por sustitutos de baja calidad o mejor
mercadotecnia. No nos atrevemos a darle un nuevo, mejor y óptimo
aprovechamiento a nuestra juventud preparada, que ineluctablemente se va de
Guerrero; ni qué decir de los recursos naturales, materiales, financieros e
instalaciones públicas hoy semi abandonadas.
Hay que trascender la colonizada y acomplejada mentalidad
que nos fue inculcada desde varios lustros atrás; así como el reduccionismo
económico, político y social, que nos cataloga como sobrevivientes de un modo
de ser caciquil, en el más amplio sentido de la palabra.
Es perentorio poseer un nuevo “chip mental” para
realizar tamaña articulación de factores, experiencias y saberes poco
utilizados. Agregue a lo anterior, que tenemos carencia de verdaderos ideales,
valores, principios y normas de convivencia social éticas y civilizadas. Practicamos
un rupestre bagaje de ellas y las exhibimos tan solo como piezas de museo
histórico. Nos ha ganado la partida la corrupción, la mentira, el engaño, la
hipocresía, el cinismo, el dolo, el perjuicio y el despojo a nuestro prójimo;
como actitudes modeladoras de nuestra pérfida conducta cotidiana.
Y el mejor ejemplo de esas prácticas torvas, la dan
aquellos que tienen el deber de erradicarlas y no de prohijarlas como instrumentos
en el arte de trepar a costa de lo que sea y de quien sea. Ejercitamos la subyugación
de terceros, como agenda del diario acontecer. En esa tesitura están buena parte
de los que gozan del poder político, económico y social de variada coloratura, tanto
en la prédica como en el comportamiento.
Lo que requerimos con urgencia para no seguir
desbarrancándonos es el inicio de una nueva y verdadera refundación estatal;
mediante la conformación de una nueva mentalidad y conciencia social
comprometida. Que no estén semi atrofiadas y deformadas como las que
actualmente tenemos, que, por desgracia, ya enraízan en la mente de las nuevas generaciones
a quienes estamos pasando la estafeta.
Duele decirlo, pero a corto plazo, tal cambio de
mentalidad y conformación de un nuevo ciudadano guerrerense que esté a la
altura de nuestros rezagos, retos y desafíos, no lo alcanzo a ver como activo
de nuestro pueblo. Las generaciones emergentes que nos sucederán, las hemos mal
educado; y las seguimos deformando en forma cínica e hipócrita con el ejemplo
de la doble cara; con conductas torcidas; fingidas con simulaciones al decir o al
hacer; fincadas en la mentira solaz, en el uso y abuso de la ilegalidad y de poner
la ley al mejor postor. No digamos el trato inhumano del racismo étnico y
clasista predominante.
Nos embarga la deshonestidad sin escrúpulos, el conformismo
rodeado de un área de confort anodina, acomodaticia y vegetativa; donde se
cultiva y alaba la holganza y el menor esfuerzo para hacer mejor algo que sea
posible. Y lo peor, el contemplar y aceptar como normalidad y destino labrado,
la vida mediocre en que nos solazamos.
Acierta la joven Dra. Viridiana Ríos, cuando afirma
que lo que nos distingue sobre el resto del país -y nos hace sobresalir
mundialmente- es nuestra brutal desigualdad social, producto de nuestra
sempiterna pobreza y nuestro acendrado egoísmo social e individualista. Resultante
también del saqueo que han hecho de nuestras riquezas unos cuantos mexicanos y
extranjeros, estrechos de miras; auténticos vivales del “gandallismo”. Enconchados
en el sector público, empresarial, y social; así como en grupos y partidos políticos
del abanico plural y semi democrático que nos domina; cuyos miembros tienen
afanes, desde siempre, de dominio y expoliación.
Son los practicantes del no oír, no escuchar y no
hablar con el pueblo más allá de lo que nos conviene, como individuos carentes
de dignidad y ética. Ese es el pigmeo legado que dejaremos a nuestros hijos y
nietos. Junto con el todo poderoso, narco, que continua en todo su esplendor y
expansión.
PD. Si tengo algún conocimiento del Acapulco profundo
y su huella histórica, es gracias a los escritos de Anituy Rebolledo Ayerdi.
porelrescate@outlook.com
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